miércoles, 7 de diciembre de 2016

Inmaculada Concepción de María. 8 de diciembre


8 de diciembre
INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA
Patrona Principal de España
I clase, azul (fuera de España y, en su defecto, blanco)
Gloria, Credo y prefacio de la Virgen “Et te in Conceptione Inmaculata”.
Se hace conmemoración de la feria o domingo de adviento.

El introito expresa la alegría de María al reconocer que el Señor la ha revestido de gracia, de justicia y de santidad. Verdaderamente puede gozarse María, pues la serpiente infernal no pudo jamás tiznar en lo más mínimo su alma santísima. María quebrantó la cabeza del dragón infernal, le venció completamente, no sólo porque dio a luz al Redentor, sino también porque se vio siempre libre de toda mancha de pecado, aún del pecado original. Si lo hubiese venido al mundo como los demás descendientes de Adán contaminada con el pecado original, hubiese estado algún tiempo bajo la esclavitud de Satanás, su triunfo sobre el no hubiera sido completo. Por eso Dios, en atención a los méritos de su divino Hijo, preservó a María de toda mancha de pecado. Estas son las verdades que nos enseña la Colecta. La Epístola es una aplicación hermosísima en la Inmaculada Concepción, en sentido acomodaticio, de lo que el autor inspirado nos dice de la eterna concepción de la Sabiduría increada. Al que considere atentamente la celeste embajada de Ángel a María, que nos refiere el Evangelio, no le causarán admiración las siguientes palabras del inmortal Pío IX en la Bula Ineffabílis Deus:  Declaramos, pronunciamos y definimos a honra de la santa e indivisa Trinidad, para decoro y ornamento de la Bienaventurada Virgen María, para exaltación de la fe católica y aumento de religión cristiana, y con la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo y de sus bienaventurados Apóstoles San Pedro y San Pablo, y con la nuestra, que la doctrina por la cual se juzga a la Santísima Virgen María en el primer instante de su concepción fue preservada de toda culpa original, por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, atendidos los méritos de Nuestro Señor Jesucristo, Salvador del género humano; ha sido revelada por Dios, y, por tanto debe creerse firme y constantemente por todos los fieles.


TEXTO DE LA MISA
Introito.-  Isaías 61,10; Salmo 29,2- Mucho me gozaré en el Señor, y se regocijará mi alma en mi Dios, porque me ha revestido con vestidura de salud y me ha cubierto con manto de justicia, como esposa con sus joyeles. Salmo. Te ensalzaré, Señor, porque me has amparado, y no has permitido triunfen mis enemigos sobre mí. V. Gloria al Padre.

Colecta.-  Oh Dios, que por la Inmaculada Concepción de la Virgen, has preparado digna morada a tu hijo; te suplicamos que, así como por la muerte prevista de este tu hijo la has preservado de toda mancha, nos concedas también, por la intercesión de María, llegar puros hasta ti. Por el mismo Señor nuestro. 
(Se hace conmemoración del Adviento)

Epístola. Proverbios 8. 22 -35-  Poder, presencia eterna en el pensamiento de Dios, solicitud por los hombres que, escuchándola, encuentran el camino de la salvación: he ahí los atributos de la Sabiduría que la Iglesia aplica a la Santísima Virgen, lo mismo que a Jesucristo, su hijo. ¡Tan íntimamente se halla asociada a él en la realización de los grandes designios de Dios!
El Señor me ha creado, primicias de sus caminos, que antes de todas sus obras. Desde la eternidad fui constituida, desde el comienzo, antes de los orígenes de la tierra. Aún no existían los océanos, y yo estaba ya concebida; aún no había brotado las fuentes, no estaban asentados los montes, antes de los collados, había yo nacido; aún no había hecho la tierra, ni los campos, ni la materia del polvo de la tierra. Cuando él preparaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazó un círculo sobre la faz del abismo, cuando sujetó las nubes en lo alto, y afianzó las fuentes del abismo, cuando fijó sus límites al mar para que las aguas no traspasaran sus orillas; cuando trazó los cimientos de la tierra, junto a él me hallaba yo artífice, y era cada día sus delicias jugueteando en su globo terrestre y deleitándose en los hijos de los hombres. Ahora, pues, hijos, oídme: Dichosos los que siguen mis caminos. Oíd mis instrucciones, y sed cuerdos, y no las desechéis. Dichoso el hombre que me oye y vela diariamente a mis puertas, guardando sus postigos. Quien me halla, ha hallado la vida, y alcanza el favor del Señor.

Gradual. Judit, 13,23; 15,10.  Bendita tú, Virgen María, ante el Dios Altísimo, sobre todas las mujeres de la tierra. V. Tú eres la gloria de Jerusalén, tú la alegría de Israel, tú la honra de nuestro pueblo.

Aleluya, aleluya. Cantar de los Cantares 4, 7. V.- Toda hermosa eres, María, y no hay en ti mancha original. Aleluya.

Evangelio. Lucas 1, 26-28  Del hermoso relato de la anunciación, en san Lucas, toma hoy la Iglesia la salutación angélica para hacerla nuestra y para invitarnos a meditar todo su contenido.
En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».

CREDO.

Ofertorio. Lucas 1, 28.-  Dios te salve, llena de gracia; el Señor es contigo; bendita tú entre todas las mujeres, aleluya.

Secreta.-  Recibe, Señor, la hostia de salvación que te ofrecemos en la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, y haz que,  así como la proclamamos limpia de toda mancha, por haberla tú prevenido con tu gracia, así, su intercesión nos libre de toda culpa. Por nuestro Señor Jesucristo.
(Se hace conmemoración del Adviento)

Prefacio de la Santísima Virgen.-  Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso  y eterno: Y alabar, bendecir y proclamar tu gloria en la Inmaculada Concepción de la Bienaventurada siempre Virgen María: porque ella concibió a tu Único hijo, por obra del Espíritu Santo, y  sin perder la gloria de su virginidad, derramó sobre el mundo la luz eterna, Jesucristo nuestro Señor. Por El los Ángeles y los Arcángeles, y todos los coros celestiales celebran tu gloria unidos en común alegría. Permítenos asociarnos a sus  voces cantando humildemente tu alabanza: Santo.

Comunión. Se ha proclamado tu gloria María, porque grandes cosas ha hecho en ti el poderoso.
Poscomunión.- Los sacramentos que hemos recibido, Señor Dios nuestro, reparen en nosotros las heridas de aquella culpa de la que por favor singular preservaste a la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María. Por nuestro Señor Jesucristo.
(Se hace conmemoración del Adviento)

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PARTITURAS DE LAS ORACIONES Y LECTURAS
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 Epístola
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  Evangelio

jueves, 1 de diciembre de 2016

II domingo de Adviento


II DOMINGO DE ADVIENTO
I clase, morado
Se omite el Gloria. Credo y Prefacio de Adviento o de la Santísima Trinidad

Estamos ya en pleno adviento, o por mejor decir, en franca  expectativa de la venida del Salvador del mundo. La Iglesia quiere hoy elevarnos, para que alcancemos a ver al que avanza hacia nosotros con dulce y suave majestad. La ausencia de pecado y un deseo cada vez más ardiente de llegar a Belén, acompañando a José y a María que viajan escoltados de ángeles hacia Jerusalén, será nuestra mejor disposición para este domingo y para la semana que con él empezamos.
Además del Mesías, a quien anuncian, dos grandes profetas iluminan la liturgia de este domingo: Isaías y Juan Bautista. Isaías es el profeta por excelencia del advenimiento mesiánico. La Iglesia nos hace oír su voz en el introito; voz que resuena en la epístola y el evangelio, en que Cristo y san Pablo se refieren a lo que él había dicho. El propio san Juan Bautista, el último de los profetas y el inmediato precursor de Cristo, alegaba la palabra de Isaías. Su lugar en la liturgia del Adviento desborda ampliamente este segundo domingo. No hay día en que no nos haga leer la Iglesia en maitines algún pasaje de sus profecías; de él se toman las lecturas de los tres días de Témporas, y en la noche de Navidad son sus palabras las que cantarán, en el Emmanuel nacido de la Virgen, las grandezas divinas del Príncipe de la Paz. Dos enseñanzas principales nos pro porciona la misa de hoy: Jesús es el Mesías de los «pobres», de todos aquéllos que, conscientes de su miseria, recurren a él (evangelio). Es también el Salvador, tanto de los paganos como de los judíos; en adelante, el pueblo de Sión será la Iglesia abierta de par en par a todas las naciones de la tierra {epístola).

TEXTOS DE LA SANTA MISA
Introito. Is. 30.30: Salm. 79.2.-  Pueblo de Sión, he ahí que viene el Señor a salvar a las naciones; el Señor hará brillar la majestad de su voz para alegría de vuestro corazón.  Salmo.- Tú que gobiernas a Israel, atiende; tú que guías a José como a una oveja. V/.Gloria.
Colecta.- Mueve, Señor, nuestros corazones para preparar los caminos de tu Unigénito; a fin de que, por su venida, merezcamos servirte con almas purificadas. El cual vive.
Epístola. Rom. 15.4-13.-  Vengan de donde vinieren y cualquiera que sea el medio a que pertenezcan, el llamamiento de Dios se dirige a todos los hombres, sin distinción de méritos o privilegios. Al recordárselo san Pablo a los fieles, llegados tanto del paganismo como del judaísmo, da gracias a Dios, citando las Escrituras, por esta vocación universal, fundamento de la esperanza cristiana.
Hermanos: Todas las cosas que han sido escritas, para nuestra enseñanza están escritas, para que, por la perseverancia y consolación que dan las Escrituras, tengamos esperanza. El Dios de la perseverancia y del consuelo os dé a sentir una misma cosa entre vosotros conforme a Jesucristo; para que unánimes, a una, glorifiquéis a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, recibíos los unos a los otros como Cristo os recibió, para gloria de Dios. Yo os digo que Jesucristo fue el ministro de la circuncisión, por la veracidad de Dios, cumpliendo lo prometido a los padres. Mas también los gentiles deben glorificar a Dios por su misericordia, según está escrito: Por esto te alabaré, Señor, entre las naciones, y cantaré a tu nombre. Y en otro lugar: Alegraos, gentiles, con su pueblo. Y otra vez: Alabad al Señor todas las gentes, y ensalzadle todos los pueblos. Y asimismo Isaías dice: Brotará el vástago de Jesé, y el que se levanta para gobernar a las naciones: en él esperarán las gentes. El Dios de la esperanza os colme de todo gozo y de paz en el creer; para que abundéis en la esperanza por la virtud del Espíritu Santo.
Gradual. Salm. 49.2-3,5.- De Sión, hermosura perfecta, Dios va a manifestarse. V/ Congregad en su derredor a los fieles, que concertaron alianza con él por sus sacrificios.
Aleluya. Salm. 121.1.- Aleluya, aleluya. V/. Me he alegrado en lo que se me ha dicho: Vamos a la casa del Señor. Aleluya.
Evangelio. Mt 11,2-10.-  Jesús se declara Mesías al referirse a Isaías, 61.1.3: «... para los pobres es la buena nueva». Y afirma a continuación: «Bienaventurados los que no encuentren en mí ocasión de escándalo.» No nos hagamos un Mesías, ni una religión según nuestras propias concepciones.
En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, mandó a sus discípulos a preguntarle: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?». Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo:  los ciegos ven y los cojos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan y los pobres son evangelizados.  ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!». Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento?  ¿O qué salisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Mirad, los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. Este es de quien está escrito: “Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual preparará tu camino ante ti”. CREDO.
Ofertorio. Salm.87.7-8.-  Se reconocerá en este  canto del ofertorio los llamamientos a la sal­vación y misericordia de Dios, que repite la Iglesia todos los días al terminar las oraciones al pie del altar, cuando comienza la misa.
Oh Dios, si te vuelves a nosotros, nos darás vida, y tu pueblo se alegrará en ti; muéstranos, Señor, tu misericordia, y danos tu Salvador.
Secreta.-  Te rogamos, Señor, te aplaques con nuestras humildes oraciones y ofrendas; y como no podemos alegar méritos de ningún valor, socórrenos con tu auxilio. Por nuestro Señor Jesucristo.

Prefacio de Adviento-Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar, Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios, por Jesucristo nuestro Señor; él es, Dios misericordioso y fiel, el Salvador que habías prometido al género humano perdido por  el pecado, para que la Verdad instruyese a los ignorantes, la Santidad justificara a los impíos, la Fortaleza ayudase a los débiles. Mientras está cerca aquel a quién tú nos envías, -ya  viene-, y el día de nuestra liberación ya brilla, llenos de confianza en tus promesas, nos llenamos de piadosos gozos.Y por eso, con los Ánge-les y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, entonamos a tu gloria un himno, diciendo sin cesar: 
O en su defecto, Prefacio de la Santísima Trinidad.- En verdad es digno y justo equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, .un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo...
Comunión. Bar.5.5:4.36.-  Levántate, Jerusalén, ponte en lo alto, y mira el regocijo que te viene de tu Dios.
Poscomunión.-  Saciados ya con el manjar espiritual, te suplicamos, Señor, que por la participación de este misterio nos enseñes a despreciar lo terreno, y amar lo celestial. Por nuestro Señor.
PARTITURAS Y GRABACIONES DE LOS PROPIOS
COMENTARIO CARD. SCHUSTER
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA 
SERMÓN DE SAN ANTONIO DE PADUA
PREFACIO DE ADVIENTO
PARTITURAS DE LAS ORACIONES Y LECTURAS
GRABACIONES DE LA EPÍSTOLA Y EVANGELIO
  2nd Sunday of Advent - Epistle
  2nd Sunday of Advent - Gospel
I Y  II VÍSPERAS

TEXTOS EN LATÍN
Dominica Secunda AdventusI Classis
Statio ad Sancta Crucem in Jerusalem

Introitus: Isaias xxx: 30
Pópulus Sion, ecce Dóminus vénit ad salvándas gentes: et audítam fáciet Dóminus glóriam vocis suæ in lætítia cordis vestri. [Ps. lxxix: 2]  Qui regis Israël, inténde qui dedúcis velut ovem, Joseph.  v. Glória Patri.  Pópulus Sion
Non dicitur "Glória in excélsis" in Missis de Tempore ab hac Dominica usque ad Vigilam Nativitatis Dómini inclusive.
Oratio:
Excita, Dómine, corda nostra ad præparándas Unigéniti tui vias: ut per ejus advéntum, purificátis tibi méntibus servíre mereámur. Qui tecum.

Ad Romános:xv 4-13
    Léctio Epistolæ béati Pauli Apóstoli ad Romános:
Fratres: Quæcúmque enim scripta sunt ad nostram doctrínam scripta sunt: ut per patiéntiam, et consolatiónem Scripturárum, spem habeámus. Deus autem patiéntiæ, et solacii, det vobis id ipsum sápere in alterutrum secundum Jesum Christum: ut unánimes, uno ore honorificétis Deum et Patrem Dómini nostri Jesu Christi. Propter quod suscipite invicem, sicut et Christus suscepit vos in honorem Dei. Dico enim Christum Jesum ministrum fuisse circumcisionis propter veritatem Dei, ad confirmandas promissiones patrum: gentes autem super misericordiam honorare Deum, sicut scriptum est: Proptérea confitébor tibi in gentibus, Dómine, et nomini tuo cantabo. Et iterum dicit: Lætámini, gentes, cum plebe eius. Et iterum: Laudáte omnes gentes Dóminum: et magnificate eum omnes populi. Et rursus Isaias ait: Erit radix Jesse, et qui exsúrget regere gentes, in eo gentes sperabunt. Deus autem spei repleat vos omni gaudio, et pace in credendo: ut abundetis in spe, in virtute Spiritus Sancti.
Graduale: Ps xl: 2-3 et 5
Ex Sion spécies decóris ejus: Deus maniféste vénit. Congregáte illi sanctos ejus, qui ordinavérunt testaméntum ejus super sacrifícia.
Allelúja, allelúja. Lætátus sum in his, quæ dicta sunt mihi: in domum Dómini ibimus. Allelúja.
Matthǽum xi: 2-10
    +    Sequéntia sancti Evangélii secúndum Matthǽum:
In illo témpore: Cum audisset Joánnes in vinculis ópera Christi, mittens duos de discipulis suis, ait illi:  «Tu es qui venturus es, an alium expectamus?»  Et respondens Jesus, ait illis:  «Euntes renuntiate Joánni, quæ audistis, et vidistis. Cæci vident, claudi ambulant, leprosi mundantur, surdi audiunt, mortui resurgunt, pauperes evangelizantur: et beatus est, qui non fuerit scandalizatus in me.» Illis autem abeuntibus, cœpit Jesus dicere ad turbas de Joánne: «Quid existis in desertum videre? arúndinem vento agitátam? Sed quid existis videre? hominem mollibus vestitum? Ecce qui móllibus vestiúntur, in domibus regum sunt. Sed quid existis videre? prophetam? Etiam dico vobis, et plus quam prophetam. Hic est enim, de quo scriptum est: Ecce ego mitto Angelum meum ante fáciem tuam qui præparábit viam tuam ante te.»
Credo.
Offertorium: Ps. lxxxiv: 7-8
Deus, tu convérsus vivificábis nos, et plebs tua lætábitur in te: osténde nobis, Dómine, misericórdiam tuam, et salutáre tuum da nobis.
Secreta:
Placáre, quǽsumus, Dómine, humilitátis nostræ précibus et hóstiis: et ubi nulla súppetunt suffrágia meritórum, tuis nobis succúrre præsídiis. Per Dóminum.

Communio:
Jerúsalem surge, et sta in excélso, et vide jucunditátem, quæ vénit tibi a Deo tuo.
Postcommunio:
Repléti cibo spirituális alimóniæ, súpplices te, Dómine, deprecamur: ut hujus participatióne mystérii, dóceas nos terréna despicere et amare cælestia. Per Dóminum.

jueves, 24 de noviembre de 2016

I domingo de Adviento


Primer  Domingo de Adviento
I clase, morado
Se omite el Gloria. Credo. Prefacio del Adviento  o, en su defecto, de la Santísima Trinidad.

En este primer día y domingo del Año eclesiástico y primera evocación, podría decirse de la Creación, la Iglesia nos pone en contacto con el último día del mundo y de las cosas.  Antes de llevarnos al pesebre de Belén, nos lleva al tribunal del Juicio final, para encarecernos de antemano, con el pensamiento de la cuenta, la correspondencia de la gracia soberana de la Redención, que ese Niño Divino, cuya silueta se dibuja ya en lontananza, viene a realizar. Es una fuerte sacudida que la Iglesia da a nuestra conciencia de cristianos, para despertarnos, o del letargo del pecado, si desgraciadamente estuviésemos sumidos en él, o de la modorra de la indiferencia y de la tibieza espiritual. Es decirnos: Si no estás limpio para presentarte ante el Divino Juez, tampoco lo estás para salir al encuentro de tu Salvador, que es tu mismo y único Dios y Señor; "despójate, por tanto, de las obras de las tinieblas y revístete de las armas de la Luz".
La liturgia del Adviento se abre con un grito de llamada: ¡Ven! Es el grito de los profetas de Israel al Mesías Redentor, cuya venida esperan con ansiedad.
Dios no se hace el sordo a la voz de su pueblo. Cumpliendo la promesa de salvación que hizo a nuestros primeros padres a raíz de su caída, envía a su Hijo al mundo. Y la aplicación a todas las generaciones humanas de la redención, que nos ha adquirido con su pasión el Hijo de Dios hecho hombre, continúa hasta el fin de los tiempos; no se terminará sino con la consumación del mundo, cuando vuelva el Mesías para coronar su obra y trasladarnos a su reino. Así, pues, la historia de la Iglesia se sitúa entre estos dos grandes acontecimientos.
En la Misa del domingo se evoca toda esta obra de la redención, desde su preparación en la esperanza de Israel y su resonancia en nuestra vida presente (epístola) hasta su última consumación (evangelio). Al prepararnos para celebrar en Navidad el nacimiento del que ha venido a rescatar nuestras almas del pecado y hacerlas semejantes a la suya, invoca la Iglesia sobre nosotros y sobre todos los hombres la plena realización de la misión salvadora que Cristo ha venido a cumplir en la tierra.
...
La iglesia ha querido iniciar el año litúrgico con la Estación en la augusta Basílica de Santa María la Mayor, en donde se guarda la Cuna del Redentor del mundo. No podía, en verdad, escoger lugar más propio para celebrar el suspirado advenimiento de Jesucristo. La venida de Cristo, según nos indica la liturgia de esta primera domínica, es doble. El primero, humilde para redimirnos; el segundo, glorioso para juzgarnos. Y aún, si bien lo consideramos, es triple el advenimiento de Cristo; uno cercano, en Belén; otro actual, a nuestros corazones, y en el futuro en el último día de los tiempos. Este último día, esta venida de Cristo, es también doble; pues hay también un último día de nuestra vida en que se hará nuestro juicio particular y se llama en lenguaje bíblico: adviento del Señor; y hay otro día último del mundo, en el que se verificará el juicio universal; este día es el adviento del Señor en su más elevado sentido. La colecta de la Santa misa nos presenta a Cristo como Salvador del mundo. ”!Señor, haced ostentación de vuestro poder, y venid!”. La Epístola nos recuerda que Cristo viene como Salvador a nuestros corazones: “Revestíos de Nuestro Señor Jesucristo. ¡Estamos más cerca de nuestra salud!. Finalmente el Evangelio nos le describe como Juez y Salvador; al fin de mundo:” Al ver que comienzan a suceder estas cosas, abrid los ojos y alzad la cabeza, porque vuestra redención se acerca”.
El sentimiento dominante de la Liturgia en este primer domingo de Adviento es de temor al juez, y, por efecto de él, de recurso al Salvador.
Este pensamiento tiene toda la Liturgia y se muestra con especial belleza en la Misa. Levantemos los ojos al Salvador (Introito). Miremos a nuestro propio corazón (Epístola).Miremos al Juez, que ha de venir (Evangelio). Si no levantamos los ojos al Redentor, y no los fijamos en nuestro propio corazón habremos de ver un día el rostro terrible del Juez divino.
TEXTOS DE LA MISA
Introito.-  Salm.24.1-4.- A ti, Señor, levanto mi alma; Dios mío, en ti confío; no sea avergonzado, ni se burlen de mí mis enemigos; pues cuantos en ti esperan, no quedarán confundidos. Salmo. Muéstrame, Señor, tus caminos, y enséñame tus sendas. y. Gloría al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.- A ti, Señor, levanto mi alma.
Colecta.-  Despierta, Señor, tu potencia y ven; para que con tu protección merezcamos ser libres de los peligros que nos amenazan por nuestros pecados, y ser salvos con tu gracia. Tú que vives y reinas con Dios Padre, en unidad del Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. R/. Amén.
Epístola. Rom, 13,11-14.-  La primera generación cristiana vivía más que nosotros en la espera de la vuelta gloriosa del Señor. Ella da a nuestra vida cotidiana toda su razón de ser. al prepararnos constantemente para recibirle.
Hermanos: Hora es ya de despertar. Ahora está más cerca nuestra salud que cuando empezamos a creer. Ha pasado la noche y llega el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos de las armas de la luz. Caminemos, como de día, honestamente: no en glotonerías y embriagueces, ni en sensualidades y disoluciones, ni en pendencias y envidias; antes bien, revestíos de nuestro Señor Jesucristo.
Gradual. Salm. 24.3,4.- Cuantos en ti esperan no quedarán confundidos, Señor. V/. Muéstrame, Señor, tus caminos, y enséñame tus sendas.
Aleluya. Salm. 84.8.-  Aleluya, aleluya. V/. Muéstranos, Señor, tu miseri­cordia y danos tu Salvador
Evangelio. Luc.21.25-33.- Las señales precursoras del fin de los tiempos serán también las de nuestra liberación definitiva y las del advenimiento del reino : «El mismo Dios estará con ellos; él enjugará las lágrimas de sus ojos. y ya no habrá muerte, ni duelo. ni gemidos, ni dolor, porque todas estas cosas habrán pasado.» (Apocalipsis, 21.4.)
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación». Y les dijo una parábola: «Fijaos en la higuera y en todos los demás árboles: cuando veis que ya echan brotes, conocéis por vosotros mismos que ya está llegando el verano. Igualmente vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo suceda. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.
Ofertorio. Salm.24.1-3.-  A ti levanto mi alma; Dios mío, en ti confío; no sea avergonzado, ni se burlen de mi mis enemigos; pues ninguno de los que en ti esperan, quedará confundido.
Secreta.-  Que estos sagrados misterios, a nosotros, purificados por poderosa virtud, nos hagan llegar más puros, Señor, a ti, que eres su principio. Por nuestro Señor.
Prefacio de Adviento-Verdaderamente es digno y justo, equitativo y saludable, que te demos gracias en todo tiempo y lugar, Señor Santo, Padre todopoderoso y eterno Dios, por Jesucristo nuestro Señor; él es, Dios misericordioso y fiel, el Salvador que habías prometido al género humano perdido por  el pecado, para que la Verdad instruyese a los ignorantes, la Santidad justificara a los impíos, la Fortaleza ayudase a los débiles. Mientras está cerca aquel a quién tú nos envías, -ya  viene-, y el día de nuestra liberación ya brilla, llenos de confianza en tus promesas, nos llenamos de piadosos gozos.Y por eso, con los Ánge-les y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, entonamos a tu gloria un himno, diciendo sin cesar: 
O en su defecto,  Prefacio de la Santísima Trinidad.-  En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo...
Comunión. Salm.84.13.-  EL Señor nos colmará de su benignidad, y nuestra tierra dará su fruto.
Poscomunión.- Recibamos, Señor, tu misericordia en medio de tu templo, para que preparemos con los debidos honores la solemnidad venidera de nuestra redención. Por nuestro Señor Jesucristo.

PARTITURAS Y GRABACIONES DE LOS PROPIOS
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SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA
PREFACIO DE ADVIENTO
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EPÍSTOLA
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EVANGELIO
TEXTOS EN LATÍN
Dominica Prima AdventusI Classis
Statio as S. Mariam majorem

Introitus: Ps. xxiv: 1-3
Ad te levávi ánimam meam: Deus meus, in te confído, non erubéscam neque inrídeant me inimíci mei: étenim univérsi qui te exspéctant, non confundéntur. [Ps. ibid.] Vias tuas Dómine demónstra mihi: semitas tuas édoce me. V. Glória Patri, et Fílio, et Spirítui Sancto. Sicut erat in princípio, et nunc, et semper, et in sǽcula sæculorum. Amen.
Quo finito, repetitur "Ad te levávi" usque ad Psalmum. Hic modus repetendi Introitum servatur per totum annum.
Non dicitur "Glória in excélsis" in Missis de Tempore ab hac Dominica usque ad Vigilam Nativitatis Dómini inclusive.
Collect:
Excita, quæsumus, Dómine, poténtiam tuam, et veni: ut ab imminéntibus peccatórum nostrórum perículis, te mereámur protegénte éripi, te liberánte salvári: Qui vivis.

ad Romanos xiii: 11-14
    Léctio Epistolæ beáti Pauli Apstóli ad Romanos:
Fratres: Sciéntes quia hora est jam nos de somno súrgere. Nunc enim própior est nostra salus quam cum credídimus. Nox præcéssit, dies autem appropinquávit. Abjiciámus ergo ópera tenebrárum, et induámur arma lucis. Sicut in die honéste ambulémus: non in comesatiónibus et ebrietátibus, non in cubílibus et inpudicítiis, non in contentióne et æmulatióne: sed induímini Dóminum Jesum Christum.
Graduale: Ps. xxiv: 3 et 4.
Univérsi, qui te expéctant, non confundéntur, Dómine. Vias tuas, Dómine, notas fac mihi: et sémitas tuas édoce me.
Allelúia, allelúia. [Ps. lxxxiv: 8] Osténde nobis, Dómine, misericórdiam tuam: et salutáre tuum da nobis. Allelúia
In Feriis Adventus quando per hebdomadam resumitur Missa de Dominica, non dicitur "Alleluia," nec versus sequens, sed tantum Graduale.
Luke xxi: 25-33
       Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam:
In illo témpore: Dixit Jesus discípulis suis: Erunt signa in sole, et luna, et stellis, et in terris pressúra gentium præ confusióne sónitus maris, et flúctuum: arescéntibus homínibus præ timóre et expectatióne quæ, supervénient univérso orbi: nam virtútes cælórum movebúntur. Et tunc vidébunt Fílium hóminis veniéntem in nube cum potestáte magna, et majestáte. His autem fieri incipiéntibus, respícite, et leváte cápita vestra: quóniam appropínquat redémptio vestra. Et dixit illis similitúdinem: Vidéte ficúlneam, et omnes ábores: cum prodúcunt jam ex se fructum, scitis quóiam prope est æstas. Ita et vos cum vidéritis haec fieri scitóte quóniam prope est regnum Dei. Amen dico vobis quia non præteríbit generátio hæc donec ómnia fiant. Cælum et terra transíbunt: verba autem mea non transíbunt.
Credo, quod dicitur in omnibus Dominicis per totum annum; non dicitur autem in diebus ferialibus quando resumitur Missa Dominicæ præcedentis.
Offertorium: Ps xiv: 1-3
Ad te Dómine levavi animam meam: Deus meus, in te confido, non erubéscam neque inrideant me inimici mei: étenim universi qui sustinent te non confundéntur.
Secreta:
Hæc sacra nos, Dómine, poténti virtúte mundátos, ad suam fáciant purióres veníre princípium.

Communio: Ps. lxxxiv: 13
Dóminus dabit benignitátem: et terra nostra dabit fructum suum.
Postcommunio:
Suscipiámus, Dómine, misericórdiam tuam in médio templi tui: ut reparatiónis nostræ ventúra solémnia congruis honóribus præcedámus. Per Dóminum.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Ultimo domingo después de Pentecostés


ÚLTIMO DOMINGO DESPUÉS DE PENTECOSTÉS
(II clase, verde)
Gloria, Credo y Prefacio de la Trinidad.
El formulario de la misa es el del último domingo después de Pentecostés

Se cierra el Ciclo litúrgico con la semana última del año eclesiástico y, con él, la historia del mundo, que se nos ha ido recordando desde sus comienzos (en el Adviento), hasta su fin postrero (en el Domingo 24º después de Pentecostés).
Por eso ha querido la Iglesia que este día se lea en su Breviario (el libro del profeta MIQUEAS (contemporáneo de Oseas) con el comentario de S. Basilio en que se nos habla del Juicio final, sirviendo de comentario al Evangelio.
El Señor, dice Miqueas, saldrá de su lugar; las montañas quedarán consumidas debajo de Él, y los valles se agrietarán y se fundirán como cera junto a la llama, como las aguas que se precipitan por la pendiente. Todo eso por causa del crimen de Jacob y de los pecados de la casa de Israel (Noct., 50 domo de nov.).
Pero junto a estas amenazas vienen las promesas de salvación: "Yo te juntaré a todo Jacob, y reuniré lo que aún queda de Israel y los pondré juntos como a rebaño en el aprisco" Los asirios han destruido a Samaría y los caldeos a Jerusalén; pero el Mesías restaurará esas ruinas, y ese mesías nos dice Miqueas que ha de nacer en Belén, y que su reino, el de la Jerusalén ce lestial, no tendrá fin.
Los profetas NAHUM, HABACUC, SOFONÍAS, AGGEO, ZACARÍAS y MALAQUÍAS, cuyos escritos se leen también por ahora, confirman lo que dice Miqueas. Jesús mismo empieza por evocar en el Evangelio la profecía de DANIEL, que anuncia la ruina total y definitiva del Templo de Jerusalén y de la nación judía por las armas romanas. Esa "abominable desolación que en el Templo santo reinó" por entonces, fué justo castigo de la infidelidad y obstinación de Israel en no querer admitir a Cristo (Ev.).El vaticinio de Daniel y de Jesús se cumplió al pie de la letra unos años después de la Ascensión de Cristo, y la desolación fue tal que de haber durado algo más ni un solo judío hubiera quedado vivo. Mas Dios quiso abreviar aquellos aciagos días del asedio para salvar a los que, al ver tamaño escarmiento, habían de convertirse.
Algo de esto sucederá también al fin del mundo, del que la ruina de Jerusalén era figura. "Tunc, entonces" o sea, cuando Cristo vuelva, serán todavía mayores los satánicos prodigios, entre ellos el Antecristo, para hacerse pasar por Cristo. Ese hombre maldito de pecado llegará hasta a sentarse en el Templo santo para que se le adore como a Dios.
Al fin de todo vendrá Jesús. Pero no humilde y manso como la vez primera y en un rinconcillo del mundo; antes vendrá con "poderío y majestad" y el Hijo del Hombre aparecerá con la rapidez de un relámpago. Entonces le saldrán a esperar los elegidos con las ansias que el águila manifiesta cuando cae sobre su presa. Su advenimiento se anunciará con cataclismos de cielos, de mar y tierra. Todas las gentes estarán despavoridas y con los ojos desencajados, y se lamentarán antes de morir muertos y antes del juicio sentenciados, cuando vean en el cielo a Cristo a quien no quisieron reconocer ni servir como a su Dios y Señor, y que ahora viene a juzgar a los vivos y a los muertos y al mundo por el fuego (V. Libera me).
No hay pensamiento tan poderoso como éste para apartarnos del pecado. Claro lo dice S. Basilio en la homilía de hoy: "Cuando el deseo de pecar te ande salteando, quisiera te acordases del tremendo y terrible tribunal de Cristo... ante el cual uno por uno iremos dando cuenta de nuestra vida. Inmediatamente, los que hubieron perpetrado muchos males durante su vida veránse rodeados de ángeles terribles y feísimos que los precipitarán en el abismo sin fondo, en donde arde envuelto de espesas tinieblas un fuego sin llama, y gusanos venenosos devoran sin cesar sus carnes, causándoles con sus mordeduras inaguantables dolores; y por fin, el oprobio y eterna confusión, que es el peor de todos los suplicios. Temed estas cosas y traspasados de este temor, servíos de su memoria como de freno contra la concupiscencia y el pecado. (3" Noct.).
Por eso mismo nos exhorta la Epístola a portarnos de una manera digna de nuestro Dios y a dar frutos de toda clase de buenas obras... dando gracias a nuestro Padre celestial por habernos hecho capaces de tener parte en la herencia de los Santos desde ahora en espíritu, pero desde el día del Juicio Final en cuerpo y alma, merced a la Sangre redentora de su Hijo queridísimo. En medio de las angustias de nuestros postreros momentos precursores de nuestra muerte, desde el fondo del abismo de nuestra poquedad y miseria clamaremos al Señor (Of.) para que, en su misericordia, nos procure los remedios poderosos de los últimos sacramentos (Or.); y nuestro buen Dios, que abriga para con sus fieles sentimientos de paz y no de ira (Int.), y que tiene prometido despachar las plegarias hechas con fe (Com.), nos oirá, librándonos de las terrenales concupiscencias (Sec.), poniendo fin a nuestro cautiverio (Int. V.) e introduciéndonos en el cielo juntos con Jesús triunfante, el cual obrará entonces la consumación de las cosas y entregará a su Padre el reino con tantos trabajos por Él conquistado, como homenaje perfecto de Él y de sus místicos miembros. Aquel día será el de la verdadera Pascua, el verdadero paso del destierro a la Tierra de promisión, a la Patria de la Jerusalén celestial, en aquel inmenso "Templo en que todos cantaremos: ¡Gloria!". Y Dios será todo en todos.
En ese día venturoso, por medio de nuestro Pontífice Jesús, rendiremos un culto eterno a la Santísima Trinidad, diciendo: ¡Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo! Como en el principio, y ahora y siempre, y en los siglos de los siglos. Amén.

TEXTOS DE LA MISA

Introito. Jer. 29, 11, 12 y 14. -Dice el Señor: Yo tengo sobre vosotros designios de paz y no de aflicción; me invocaréis y os escucharé, os haré volver de todos los lugares a donde os había desterrado. Salmo. 84, 2.-  Habéis bendecido, Señor, vuestra tierra; habéis acabado con el cautiverio de Jacob. Gloria al Padre...

Oración. Dios tiene otro fin que el de llevarnos a él. Nuestro celo en corresponder a este obra divina no horá sino moverle a reforzar más en nosotros la acción de su gracia. -Moved, Señor, los corazones de vuestros fieles, para que, ejecutando con más fervor el fruto de vuestra divina obra, alcancen mayores auxilios de vuestra piedad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Epístola. Col. 1, 9-14. "Capacitados para tomar parte en la herencia gloriosa de los santos", debemos llevar en la tierra una vida digna de la vocación a la que se nos ha llamado. -Hermanos: Estamos constantemente orando por vosotros. Pedimos a Dios que lleguéis a la plenitud en el conocimiento de su voluntad, con toda sabiduría e inteligencia espiritual. Así caminaréis según el Señor se merece y le agradaréis enteramente, dando fruto en toda clase de obras buenas y creciendo en el conocimiento de Dios fortalecidos en toda fortaleza, según el poder de su gloria, podréis resistir y perseverar en todo; con alegría daréis gracias al Padre que nos ha hecho capaces de compartir la herencia de los santos en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados.

Gradual. Sal. 43, 8-9.- Nos salvaste, Señor, de nuestros enemigos, humillaste a los que nos aborrecen. Todos los días nos glo­riamos en el Señor, siempre damos gracias a tu nombre.

Aleluya. Sal. 129, 1­.- Aleluya, aleluya. Desde lo hondo a ti grito Señor. Señor, escucha mi voz. Aleluya.

Evangelio. Mat. 24, 15-35.- De ningún modo debe turbarnos el evangelio del fin del mundo; es el paso necesario del tiempo a la eternidad. A los que hayan recibido a Cristo en la tierra, Él les introducirá en el cielo; a los que le hayan despreciado, los repudiará. La ruina de Jerusalén, anunciada por Jesús e imagen de las calamidades que señalarán el fin del mundo, se cumplió fielmente cuarenta años después del vaticinio. Nosotros no sabemos cuándo vendrá el fin del mundo; pero el mejor medio de prepararnos a él, es poner toda nuestra confianza en Cristo y cumplir fielmente sobre la tierra nuestro cometido de bautizados.  
En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando veáis puesto en el lugar sagrado el ídolo execrable, que anunció el profeta Daniel; entonces los que estén en Judea, que huyan a los montes; el que esté en la terraza, que no baje a coger sus cosas; el que esté en el campo, que no vuelva a coger la capa. Ay de las que estén en­cinta o criando en aquellos días! Orad para que vuestra huida no caiga en invierno o en sábado. Porque habrá entonces una angustia tan grande, como no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si no se acortasen aquellos días, no quedará nadie vivo. Pero por los elegidos se acortarán aquellos días. Si alguno os dice entonces: "Mira, el Mesías esta aquí, está ahí", no lo creáis. Porque surgirán falsos mesías y falsos profetas, que harán grandes signos y prodigios, capaces de en­gañar (si fuera posible) a los mismos elegidos. Mirad que os he prevenido. Si os dicen: "Mira, está en el desierto", no vayáis; "Mira, está en la despensa", no lo creáis. Porque, como un relámpago que sale de levante y brilla hasta el poniente, así será la Parusía del Hijo del Hombre. Donde está el cadáver se reunirán los buitres. Y en seguida, después de la angustia de aquellos días, el sol se hará tinieblas, la luna no dará su resplandor, las estrellas caerán del cielo, los ejércitos celestes temblarán. Y en aquel momento aparecerá en el cielo la señal del Hijo del Hombre. Y entonces todas las tribus de la tierra se golpearán el pecho y verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes del cielo, con gran poder y majestad. Él enviará a sus ángeles con una trompeta atronadora, para que reúnan a sus elegidos de los cuatro vientos, de un extremo a otro del cielo. Aprended el ejemplo de la higuera: cuando sus ramas se ponen tiernas y brotan las hojas, sabéis que la primavera está cerca. Lo mismo vosotros: cuando veáis todo esto, sabed que ya está cerca, a la puerta. Os aseguro que no pasará esta generación antes de que todo se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, mis palabras no pasarán.

Ofertorio. Ps. 129, 1-2.- Desde lo más íntimo de mi corazón clamé a Vos, oh Señor; oíd mi oración, Dios mío; porque me he dirigido a Vos desde lo más íntimo, oh Señor.

Secreta.- Mostraos propicio, Señor, a nuestras plegarias; y después de recibir las ofrendas y oraciones de vuestro pueblo, conducid a Vos los corazones de todos, para que, libre de deseos terrenos, amemos lo ce­lestial. Por N. S. J. C...

Prefacio de la Santísima Trinidad.-  En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, que con tu unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos tam­bién de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la pro­piedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz. Santo…

Comunión. Marc. 11,24.- En verdad os aseguro que cuantas cosas pidiereis en la oración, tened fe y las alcanzaréis.

Poscomunión.- Conceded, Señor, os suplicamos, que con lo que acabamos de tomar por estos Sacramentos, quede curado en su medicinal virtud todo mal. Por nuestro Señor Jesucristo.

PARTITURAS Y GRABACIONES DE LOS PROPIOS
COMENTARIOS LITÚRGICOS CARD. SCHUSTER
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA VIDEO 
SERMÓN DE SAN ANTONIO DE PADUA
PARTITURAS DE LAS ORACIONES Y LECTURAS


CANTO DE LAS LECTURAS
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  EPÍSTOLA
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  EVANGELIO