martes, 21 de febrero de 2017

CÁTEDRA DE SAN PEDRO. 22 de febrero



22 de febrero
CÁTEDRA DE SAN PEDRO
II clase, blanco
Gloria, credo y prefacio de apóstoles
La liturgia latina celebra hoy la fiesta de la Cátedra de San Pedro. Se trata de una tradición muy antigua, atestiguada en Roma desde el siglo IV, con la que se da gracias a Dios por la misión encomendada al apóstol san Pedro y a sus sucesores.
La "cátedra", literalmente, es la sede fija del obispo, puesta en la iglesia madre de una diócesis, que por eso se llama "catedral", y es el símbolo de la autoridad del obispo, y en particular de su "magisterio", es decir, de la enseñanza evangélica que, en cuanto sucesor de los Apóstoles, está llamado a conservar y transmitir a la comunidad cristiana. Cuando el obispo toma posesión de la Iglesia particular que le ha sido encomendada, llevando la mitra y el báculo pastoral, se sienta en la cátedra. Desde esa sede guiará, como maestro y pastor, el camino de los fieles en la fe, en la esperanza y en la caridad.
Sucesivamente, la sede de Pedro fue Antioquía, ciudad situada a orillas del río Oronte, en Siria (hoy en Turquía), en aquellos tiempos tercera metrópoli del imperio romano, después de Roma y Alejandría en Egipto. De esa ciudad, evangelizada por san Bernabé y san Pablo, donde "por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de cristianos" (Hc 11, 26), por tanto, donde nació el nombre de cristianos para nosotros, san Pedro fue el primer obispo, hasta el punto de que el Martirologio romano, antes de la reforma del calendario, preveía también una celebración específica de la Cátedra de San Pedro en Antioquía.
Desde allí la Providencia llevó a Pedro a Roma. Por tanto, tenemos el camino desde Jerusalén, Iglesia naciente, hasta Antioquía, primer centro de la Iglesia procedente de los paganos, y todavía unida con la Iglesia proveniente de los judíos. Luego Pedro se dirigió a Roma, centro del Imperio, símbolo del "Orbis" -la "Urbis" que expresa el "Orbis", la tierra, donde concluyó con el martirio su vida al servicio del Evangelio. Por eso, la sede de Roma, que había recibido el mayor honor, recogió también el oficio encomendado por Cristo a Pedro de estar al servicio de todas las Iglesias particulares para la edificación y la unidad de todo el pueblo de Dios.
Así, la sede de Roma, después de estas emigraciones de san Pedro, fue reconocida como la del sucesor de Pedro, y la "cátedra" de su obispo representó la del Apóstol encargado por Cristo de apacentar a todo su rebaño. Lo atestiguan los más antiguos Padres de la Iglesia, como por ejemplo san Ireneo, obispo de Lyon, pero que venía de Asia menor, el cual, en su tratado Contra las herejías, describe la Iglesia de Roma como "la más grande, más antigua y más conocida por todos, que la fundaron y establecieron los más gloriosos apóstoles, Pedro y Pablo"; y añade: "Con esta Iglesia, a causa de su origen más excelente, debe necesariamente estar de acuerdo toda la Iglesia, es decir, los fieles de todas partes" (III, 3, 2-3). A su vez, un poco más tarde, Tertuliano afirma: "¡Cuán feliz es esta Iglesia de Roma! Fueron los Apóstoles mismos quienes derramaron en ella, juntamente con su sangre, toda la doctrina" (La prescripción de los herejes, 36). Por tanto, la cátedra del Obispo de Roma representa no solo su servicio a la comunidad romana, sino también su misión de guía de todo el pueblo de Dios.
Celebrar la "Cátedra" de san Pedro, como hacemos nosotros, significa, por consiguiente, atribuirle un fuerte significado espiritual y reconocer que es un signo privilegiado del amor de Dios, Pastor bueno y eterno, que quiere congregar a toda su Iglesia y guiarla por el camino de la salvación.
Entre los numerosos testimonios de los santos Padres, me complace recordar el de san Jerónimo, tomado de una de sus cartas, escrita al Obispo de Roma, particularmente interesante porque hace referencia explícita precisamente a la "cátedra" de Pedro, presentándola como fuente segura de verdad y de paz. Escribe así san Jerónimo: "He decidido consultar la cátedra de Pedro, donde se encuentra la fe que la boca de un Apóstol exaltó; vengo ahora a pedir un alimento para mi alma donde un tiempo fui revestido de Cristo. Yo no sigo un primado diferente del de Cristo; por eso, me pongo en comunión con tu beatitud, es decir, con la cátedra de Pedro. Sé que sobre esta piedra está edificada la Iglesia" (Cartas I, 15, 1-2). (Benedicto XVI, 22-II-2006)

TEXTOS DE LA SANTA MISA

INTROITO  Eclo 45, 30
STÁTUIT EI Dóminus testaméntum pacis, et príncipem fecit eum: ut sit illi sacerdótii dígnitas in ætérnum. (T.P. Allelúja, allelúja) V/.  Sal 131, 1.- Meménto Dómine, David: et omnis mansuetúdinus ejus. V/. Glória Patri. Státuit ei.
EL SEÑOR celebró con él un pacto de paz y le constituyó príncipe para que tenga la dignidad sacerdotal por todos los siglos. V/. Acuérdate, Señor, de David y de su gran mansedumbre. V/. Gloria.

COLECTA
DEUS, qui beato Petro Apostolo tuo, collatis clavibus regni calestis, ligandi atque solvendi pontificu tradidisti: concede; ut, intercessionis ejus auxilio, a peccatorum nostrorum nexibus libremur.
OH DIOS, que al entregar a tu Apóstol San Pedro las llaves del reino de los cielos, le otorgaste la potestad pontificia de atar y desatar; concédenos que, con el auxilio de su intercesión, nos libremos de las ataduras de nuestros pecados.
Conmemoración de San Pablo, bajo una única conclusión.
DEUS, Qui multitudinem Gentium beati Pauli Apostoli praedicatione docuisti: danobis, quaesumus: ut cujus commemorationem colimus, ejus apud Te patrocinia sentiamus. Per Dominum Jesum Christum, Filium Tuum, qui Tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.
OH DIOS, con que la predicación del Apóstol San Pablo enseñaste a la multitud de las gentes; te rogamos, nos hagas sentir el patrocinio de aquel cuya memoria celebramos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
En cuaresma, conmemoración de la feria.

EPISTOLA 1 Pe 1, 1-7
LÉCTIO EPÍSTOLÆ BEÁTI PETRI APÓSTOLI.
Petrus Apóstolus Jesu Christi, eléctis ádvenis dispersiónis Ponti, Galatiæ, Cappadociæ, Asiæ, et Bithyniæ secúndum præsciéntiam Dei Patris in sanctificatiónem Spíritus in obediéntiam et aspersiónem sánguinis Jesu Christi: grátia vobis, et pax multiplicétur. Benedíctus Deus, et Pater Dómini nostri Jesu Christi, qui secúndum misericórdiam suam magnam regenerávit nos in spem vivam per resurrectiónem Jesu Christi ex mórtuis, in hereditátem incorruptíbilem et incontaminátam et inmarcescíbilem conservátam in cælis in vobis, qui in virtúte Dei custodímini per fídem in salútem parátam revelári in témpore novíssimo. In quo exultábitis, módicum nunc si oportet contristári in váriis tentatiónibus: ut probátio vestræ fídei multo pretiósior auro (quod per ignem probátur) inveniátur in laudem, et glóriam, et honórem in revelatióne Jesu Christi Dómini nostri.
LECTURA DE LA  PRIMERA CARTA DEL APÓSTOL SAN PEDRO.
Pedro, apóstol de Jesucristo, a los elegidos que viven como extranjeros en la Dispersión: en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, según el previo conocimiento de Dios Padre, con la acción santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser rociados con su sangre. A vosotros gracia y paz abundantes. Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo quien, por su gran misericordia, mediante la Resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha reengendrado a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, inmaculada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, a quienes el poder de Dios, por medio de la fe, protege para la salvación, dispuesta ya a ser revelada en el último momento. Por lo cual rebosáis de alegría, aunque sea preciso que todavía por algún tiempo seáis afligidos con diversas pruebas, a fin de que la calidad probada de vuestra fe, más preciosa que el oro perecedero que es probado por el fuego, se convierta en motivo de alabanza, de gloria y de honor, en la Revelación de Jesucristo.

GRADUALE Sal 106, 32.31
EXÁLTENT eum in Ecclésia plebis: et in cáthedra seniórum laudent eum. V/. Confiteántur Dómino misericórdiæ ejus; et mirabília ejus fíliis hóminum.

ALLELÚIA, ALLELUIA.- V/. (Mt 16,18).- V/. Tu es Petrus, et super hanc petram ædificábo Ecclésiam meam.  Allelúja.
ENSÁLCENLO en la asamblea el pueblo y glorifíquenle en el consistorio de los ancianos. V/. Alaben a Dios por sus misericordias y por sus maravillas en favor de los hombres.
ALELUYA. ALELUYA. V/. Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Aleluya.

TRACTO Mt 16, 18-19
En tiempo de septuagésima se omite el Aleluya y en su lugar se dice el tracto.
 V/. Tu es Petrus, et super hanc petram ædificábo Ecclésiam meam.  V/. Et portæ ínferi non prævalébunt advérsus eam: et tibi dabo claves regni cælórum. V/. Quodcúmque ligáveris super terram, erit ligatum et in cælis. V/. Et quodcúmque sólveris super terram, erit solútum et in cælis.»
V/. Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi IglesiaV/. Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella y te daré las llaves del reino de los cielos. V/. Todo lo que atares sobre la tierra, será atado también en los cielos. V/. Y todo lo que desatares sobre la tierra, desatado será también en los cielos.  
ALELUYA PASCUAL  Sal 151, 15. Mt 16,18
En tiempo de septuagésima se omite el Aleluya y en su lugar se dice el tracto.
ALLELÚJA, ALLELÚJA. V/. Confiteántur Dómino misericórdiæ ejus; et mirabília ejus fíliis hóminum. Allelúja. V/. «Tu es Petrus, et super hanc petram ædificábo Ecclésiam meam.» Allelúja.
ALELUYA, ALELUYA.- V/. Alaben al Señor por su misericordia, y anunciad sus maravillas a los hijos de los hombre.  Aleluya. V/. Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. Aleluya. .

EVANGELIO  Mt 16, 13-19
SEQUÉNTIA SANCTI EVANGÉLII SECÚNDUM MATTHǼUM.
In illo témpore: Venit Jesus in partes Cæsaréæ Philíppi, et interrogábat discípulos suos, dicens: «Quem dicunt hómines esse Fílium hóminis?» At illi dixérunt: «Álii Joánnem Baptístam, álii autem Elíam, álii vero Jeremíam, aut unum ex prophétis.» Dicit illis Jesus: «Vos autem quem me esse dicitis?» Respóndens Simon Petrus, dixit: «Tu es Christus, Fílius Dei vivi.» Respondens autem Jesus, dixit ei: «Beatus es, Simon Bar Jona: quia caro et sanguis non revelábit tibi, sed Pater meus, qui in cælis est. Et ego dico tibi, quia tu es Petrus et super hanc petram ædificábo Ecclésiam meam, et portæ ínferi non prævalébunt advérsus eam. Et tibi dabo claves regni cælórum. Et quodcúmque ligáveris super terram, erit ligatum et in cælis: et quodcúmque sólveris super terram, erit solútum et in cælis.»
LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO.
En aquel tiempo, llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?» Ellos dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías o uno de los profetas.» Les dice él: «Y vosotros ¿quién decís que soy yo?» Simón Pedro contestó: «Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.» Replicando Jesús le dijo: «Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.»
Se dice Credo.

OFERTORIO  Mt 16, 18-19
TU ES PETRUS et super hanc petram ædificábo Ecclésiam meam, et portæ ínferi non prævalébunt advérsus eam. Et tibi dabo claves regni cælórum. (T.P. Allelúja.)
TÚ ERES PEDRO y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Yo te daré las llaves del reino de los cielos. (T.P. Aleluya)

SECRETA
ECCLESIAE TUAE, quaesumus, Domine, preces et hostias beati Petri Apostoli commendet oratio : ut, qod pro illius Gloria celebramus, nobis prosit ad veniam.
SUPLICAMOS, Señor, que la oración del Apóstol San Pedro recomiende las plegarias y las ofrendas de tu Iglesia; a fin de que el sacrificio que en su honor celebramos nos aproveche para obtener el perdón.
Conmemoración de San Pablo, bajo una única conclusión.
APOSTOLI TUI Pauli precibus, Domine, plebes tuae dona sanctifica : ut, quae tibi tuo fiant patrocinio supplicantis. Per Dominum nostrum Jesum Christum, Filium tuum, Qui tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus, per omnia saecula saeculorum. Amen.
POR LAS oraciones de tu Apóstol Pablo, santifica, Señor, la ofrenda de tu pueblo; para que el sacrificio que te es grato por ser institución tuya, te sea más grato por la intercesión de tal abogado. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
En cuaresma, conmemoración de la feria.

PREFACIO DE APÓSTOLES
VERE DIGNUM et iustum est, æquum et salutáre: Te, Dómine, supplíciter exoráre, ut gregem tuum, Pastor ætérne, non déseras: sed per beátos Apóstolos tuos, contínua protectióne custódias: Ut iísdem rectóribus gubernétur, quos óperis tui vicários eídem contulísti præésse pastóres. Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia cæléstis exércitus, hymnum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes:
EN VERDAD es justo y necesario, equitativo y saludable, rogaros, Señor, Pastor eterno, no desamparéis a vuestra grey, sino que por vuestros santos Apóstoles la guardéis con protección continua, para que la gobiernen los mismos vicarios  que establecisteis por Pastores suyos. Por eso, con los ángeles y arcángeles, con los tronos y dominaciones y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:

ANTÍFONA DE COMUNIÓN    Mt 16, 18
TU EST Petrus, et super hanc petram ædificábo Ecclésiam meam.» (T.P. Allelúja.)
TÚ ERES Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia. (T.P. Aleluya)

ORACIÓN POSTCOMUNIÓN
LAETIFICET NOS, Domine, munus oblatum: ut, sicut in Apostolo tuo Petro te mirabilem praedicamus, sic per illum tuae suamus indulgentiae largitatem.

ALÉGRENOS, Señor, el don ofrecido; para que, así como te proclamamos admirable en tu Apóstol Pedro, así por él recibamos la abundancia de tu indulgencia.
Conmemoración de San Pablo, bajo una única conclusión.
SANCTIFICATI, DOMINE, salutari mysterio: quaesumus; ut nobis ejus non desit oratio; cujus nos donasti patrocinio gubernari. Per Dominum nostrum Jesum Christum, Filium Tuum, Qui Tecum vivit et regnat in unitate Spiritus Sancti, Deus,
Per omnia saecula saeculorum.
R. Amen.R. Amen.
Santificados por el misterio salvador, te rogamos, Señor, que no nos falte la oración del Apóstol a cuya tutela nos confiaste. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.
En cuaresma, conmemoración de la feria.

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Vísperas. Cátedra de San Pedro 22 de febrero

sábado, 18 de febrero de 2017

Domingo de Sexagésima

DOMINGO DE SEXAGÉSIMA
(II clase, morado)
Sin Gloria. Tracto, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad. 

Normas para el tiempo de septugésima:
  • se suprimen todos los Aleluya del oficio y de la misa hasta la misa de la noche de Pascua. En la misa del domingo y de las fiestas de los santos se recita o canta el Tracto en su lugar.
  • En las misas del domingo no se dice Gloria, pero si Credo.
  • Se sigue diciendo Prefacio de la Trinidad los domingos y en las ferias el común.
  • En las fiestas se dice Gloria, tracto y prefacio propio o común. 

“La semilla es la palabra de Dios, aquella palabra cuyo incensable sembrador fue Pablo, entre afanes y sufrimientos y hasta la muerte a filo de espada; aquella palabra encarnada en Cristo, Verbo divino, centro de la Sagrada Escritura.”
Las grandes páginas de la Biblia, leídas en maitines, anuncian, una tras otra, el misterio pascual. Noé, el segundo padre del género humano, simboliza la renovación de la humanidad: “ vea el mundo el levantarse de lo caído, el renovarse de lo envejecido, el retorno de todo a su prístina integridad por obra del mismo que lo creara. (Sábado Santo, oficio antiguo). En adelante, la salvación se obrará en el seno de la Iglesia, cuya figura es el arca, y en ella serán regeneradas, no sólo ocho personas, sino toda la multitud de los bautizados que salen de las aguas. (epístola del viernes de Pascua).
Los cantos de la misa tienen el mismo acento que los del domingo anterior: llamamiento penetrante y confiado a Dios desde el seno de nuestra miseria. La epístola se ha escogido por tener lugar la estación en San Pablo extramuros; es una de las páginas más bellas del gran apóstol.
...
Desde el Introito la santa Iglesia nos hace oír la ferviente plegaria del Salmista implorando el auxilio del Altísimo en medio de las tribulaciones que le rodeaban. En la Colecta expresa su confianza en la intercesión del gran Apóstol San Pablo, celosísimo propagador de la divina palabra, de la divina semilla que había de renovar la faz de la tierra. Y si es bien, observemos la íntima relación que guarda la Colecta con la estación que se verifica hoy en la Iglesia de San Pedro. ¿A dónde podría dirigirse mejor la asamblea cristiana para impetrar la intercesión del Apóstol de las Gentes, que al  lugar en que descansan sus preciosísimas reliquias? La Epístola es uno de los más bellos pasajes de los escritos de San Pablo en que enumera la multitud de trabajos soportados por la difusión del Evangelio. Por ella podemos comprender de algún modo las fatigas de cuantos propagaron la buena nueva en los áridos páramos de la gentilidad. En el Gradual implora la Iglesia el socorro del Señor contra los que se oponen a la misión que ya ha recibido de suscitar por todas partes adoradores del verdadero Dios. El Evangelista refiere la parábola del sembrador, cuyo significado el mismo divino Maestro se dignó explicar. Nosotros, por tanto, no tenemos que hacer más que escuchar y meditar religiosamente sus enseñanzas. Esto inculca y repite la Iglesia en el Ofertorio; que en ello nos afirme el vivificador Sacramento, pide en la oración Secreta. La frecuente recepción de la Eucaristía  será el medio que fertilizará y hará fecundas nuestras almas. Por esto se invita en la Comunión a acercarnos a la Sagrada Mesa, en la que recobramos nuevo vigor y juventud, y pide en la Poscomunión que así sea por la práctica de actos santos y buenas costumbres.

TEXTOS DE LA MISA
Introito. Ps. 43, 23-26.- ¡Despertad, Señor! ¿Por qué aparentáis dormir? Despertad y no nos rechacéis para siempre. ¿Por qué escondéis vuestro rostro y olvidáis nuestra tribulación? Pegado está nuestro cuerpo a la tierra; despertad, Señor, ayu­dadnos y libradnos. Sal. 43, 2.- Nuestros oídos, Señor, lo oyeron; nuestros padres nos lo contaron. Gloria al Padre...

Oración. - Oh Dios, que veis cómo no confiamos en ninguna de nuestras acciones, concedednos propicio que seamos fortaleci­dos por la protección del Doctor de las gen­tes contra toda adversidad. Por N. S. J. C...

Epístola. Cor. 11, 19-33; 12, 1-9.- Hermanos: ¡Qué a gusto soportáis a los tontos, vosotros los listos! Porque aguantáis que esa gente os tiranice, os devore, os explote, os humille, os abofetee. Me refiero a vuestra crítica de que hemos sido débiles. Pero si hay que darse importancia, voy a disparatar y a dármela también yo. ¿Qué son hebreos? También yo. ¿Qué son israelitas? También yo. ¿Qué son descendientes de Abraham? También yo. ¿Qué son siervos de Cristo? Voy a decir un disparate: Mucho más yo. Yo les gano en trabajos, les gano en cárceles, no digamos en palizas, y en muchos peligros de muerte. De los judíos he recibido cinco veces los treinta y nueve azotes de rigor; tres veces me han azotado con varas, una vez me han apedreado. He pade­cido tres naufragios, pasando veinticuatro horas en medio del mar. Siempre de viaje: En peligros de ríos, en peligros de bandoleros, en peligros de mis paisanos, en peligros de los gentiles, peligros de la ciudad, peligros en despoblado, peligros del mar, peligros de falsos hermanos. Trabajo y agotamiento, sin poder dormir muchas veces; con hambre y con sed en ayunos frecuentes, con frío y sin ropa. Además de estas cosas externas, la carga de cada día: la preocupación por todas las iglesias. ¿Quién enferma, sin que yo enferme? ¿Quién cae, sin que a mí me dé fiebre? Si ahora toca presumir, presumiré de mi debilidad. Bien sabe Dios, Padre del Señor Jesús (bendito sea su nombre por siempre), que no miento: En Da­masco, el gobernador del rey Aretas puso guardia en la ciudad para prenderme: metido en un costal me descolgaron por una ventana de la muralla y así escapé de sus manos. ¿Hay que presumir? —aunque sé que no esté bien—, pues paso a las visiones y revelaciones del Señor. Yo sé de un cristiano que hace catorce años —no sabría decir si en el cuerpo o fuera del cuerpo, Dios lo sabe— fue arrebatado hasta el tercer cie­lo. Y puedo decir que este tal —no sabría decir si en el cuerpo o sin él, Dios lo sabe— fue arrebatado al Paraíso y oyó palabras arcanas que un hombre no puede repetir. De éste presumiré; en cuanto a mí, sólo presumiré de mis debilidades. Y si me diera por presumir, no sería disparatar, porque diría la verdad: pero lo dejo, para que nadie me tenga por más de lo que en mí ve y oye. Y por la grandeza de estas revelaciones, para que no tenga soberbia, me han metido una espina en la carne: un emisario de Satanás que me apalea, para que no sea soberbio. Tres veces le he pedido al Señor verme libre de él y me ha respondido: Te basta mi gracia: la fuerza se realiza en la debilidad. Por eso, muy a gusto presumo de mis debilidades, porque así residirá en mí la fuerza de Cristo.

Gradual. Sal. 82, 19 y 14.- Reconozcan los gentiles que tú, Señor, eres el único excelso en toda la tierra. Dios mío, hazlos ho­jarasca, vilanos frente al vendaval.

Tracto. Sal. 59, 4 y 6.- Señor, has sacudido la tierra, y la has hendido: sana sus quiebras, que se ha estremecido. Que puedan huir de los arcos, y se salven tus escogidos.

Evangelio. Luc. 8, 4-15.- En aquel tiempo se reunía mucha gente en torno a Jesús y al pasar por los pueblos, otros se iban añadiendo. Entonces les dijo esta parábola: Salió el sembrador a sembrar su semilla. Al sembrarla, algo cayó al borde del camino, lo pisaron, y los pájaros del cielo se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, y al crecer se secó por falta de humedad. Otro poco cayó entre zarzas, y las zarzas, creciendo al mismo tiempo, lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena, y al crecer dio fruto al ciento por uno. Dicho esto, exclamó: El que tenga oídos para oír, que oiga. Entonces le preguntaron sus discípulos: ¿Qué significa esta parábola? Y Él les respondió: A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del Reino de Dios; a los demás, en parábolas, para que viendo no vean y oyendo no entiendan. El sentido de la parábola es éste: La semilla es la Palabra de Dios. Los del borde del camino son los que escuchan, pero luego viene el diablo y se lleva la Palabra de sus corazones, para que no crean y se salven. Los del terreno pedregoso son los que, al escucharla, reciben la Palabra con alegría, pero no tienen raíz; son los que por el momento creen, pero en el momento de la prueba fallan. Lo que cayó entre las zarzas son los que escuchan, pero con los afanes y riquezas y placeres de la vida, se van ahogando y no maduran. Lo de la tierra buena son los que con un corazón noble y bueno escuchan la Palabra, la guardan y perseveran hasta dar fruto.

Ofertorio. Ps.16,5,6-7.- Asegurad mis pasos en vuestras sendas, para que no resbalen mis pies; inclinad vuestros oídos y escuchad mis palabras. Ostentad vuestra magnífica piedad, oh Señor, que salváis a los que esperan en Vos.

Secreta. - El sacrificio, Señor, que os ofrecemos, nos vivifique siempre y nos defienda. Por nuestro Señor Jesucristo...

Prefacio de la Santísima Trinidad. Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios Todopoderoso y eterno: Que con tu Único Hijo y el Espíritu Santo eres un solo Dios, un solo Señor; no una sola persona, sino tres Personas en una sola naturaleza. Y lo que creemos de tu gloria, porque Tú lo revelaste, lo afirmamos también de tu Hijo, y también del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De modo que al proclamar nuestra fe en la verdadera y eterna divinidad, adoramos tres Personas distintas, de única naturaleza e iguales en su dignidad; A quien alaban los Ángeles y los Arcángeles y todos los coros celestiales, que no cesan de aclamare con una sola voz: Santo

Comunión. Ps. 42, 4. - Me llegaré al altar de Dios, que llena de alegría mi juventud.

Poscomunión. - Humildemente os suplica­mos, Dios Todopoderoso, que, pues nos ali­mentáis con vuestros Sacramentos nos con­cedáis serviros dignamente con costumbres agradables a Vos. Por N. S. J. C...

CANTO  DE LOS PROPIOS EN MP3
COMENTARIO LITÚRGICO CARD. SCHUSTER
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA SERMÓN DE SAN ANTONIO
PARTITURAS DE LAS ORACIONES Y LECTURAS
GRABACIONES DE LAS LECTURAS
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  Epístola
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  Evangelio
I VÍSPERAS Y II VÍSPERAS


TEXTOS EN LATÍN

Dominica in SexagesimaII ClassisStatio ad S. Paulum

Introitus: Ps. xliii: 23-26
Exsúrge, quare obdórmis, Dómine? exsúrge, et ne repéllas in finem: quare fáciem tuam avértis, oblivísceris tribulatiónem nostram? Adhæsit in terra venter noster: exsúrge Dómine, ádjuva nos, et líbera nos. [Ps.  ibid. 2]  Deus, áuribus nostris audívimus; patres nostri annuntiavérunt nobis.  Glória Patri.  Exsúrge
Oratio:
Deus, qui cónspicis, quia ex nulla nostra actióne confídimus: concéde propítius; ut contra advérsa ómnia Doctóris géntium protectióne muniámur. Per Dóminum.

2 Cor. xi: 19-33; xii: 1-9
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Corínthios.
Fratres: Libénter suffértis insipiéntes: cum sitis ipsi sapiéntes.  Sustinétis enim si quis vos in servitútem rédigit, si quis dévorat, si quis áccipit, si quis extóllitur, si quis in fáciem vos cædit.  Secúndum ignobilitátem dico, quasi nos infírmi fuérimus in hac parte.  In quo quis audet (in insipiéntia dico) áudeo et ego: Hebræi sunt, et ego: Israëlítæ sunt, et ego: Semen Abrahæ sunt, et ego: Minístri Christi sunt, (ut minus sápiens dico) plus ego: in labóribus plúrimis, in carcéribus abundántius, in plagis supra modum, in mórtibus frequénter.  A Judæis quínquies quadragénas, una minus, accépi. Ter virgis cæsus sum, semel lapidátus sum, ter naufrágium feci, nocte et die in profúndo maris fui, in itinéribus sæpe, perículis flúminum, perículis latrónum, perículis ex génere, perículis ex géntibus, perículis in civitáte, perículis in solitúdine, perículis in mari, perículis in falsis frátribus: in labóre, et ærúmna, in vigíliis multis, in fame et siti, in jejúniis multis, in frígore et nuditáte, præter illa, quæ extrínsecus sunt, instántia mea quotidiána, sollicitúdo ómnium Ecclesiárum.  Quis infirmátur, et ego non infírmor? quis scandalizátur, et ego non uror?  Si gloriári opórtet: quæ infirmitátis meæ sunt, gloriábor.  Deus et Pater Dómini nostri Jesu Christi, qui est benedíctus in sæcula, scit quod non méntior.  Damásci præpósitus gentis Arétæ regis, custodiébat civitátem Damascenórum, ut me comprehénderet: et per fenéstram in sporta dimíssus sum per murum, et sic effúgi manus ejus.  Si gloriári opórtet (non éxpedit quidem): véniam autem ad visiónes, et revelatiónes Dómini.  Scio hóminem in Christo ante annos quatuórdecim, sive in córpore néscio, sive extra corpus néscio, Deus scit, raptum hujúsmodi usque ad tértium cælum.  Et scio hujúsmodi hóminem, sive in córpore, sive extra corpus néscio, Deus scit: quóniam raptus est in paradísum: et audívit arcána verba, quæ non licet hómini loqui.  Pro hujúsmodi gloriábor, pro me autem nihil gloriábor nisi in infirmitátibus meis.  Nam, et si volúero gloriári, non ero insípiens: veritátem enim dicam: parco autem, ne quis me exístimet supra id, quod videt in me, aut áliquid audit ex me.  Et ne magnitúdo revelatiónum extóllat me, datus est mihi stímulus carnis meæ ángelus Sátanæ, qui me colaphízet.  Propter quod ter Dóminum rogávi ut discéderet a me: et dixit mihi: Súfficit tibi grátia mea: nam virtus in infirmitáte perfícitur.  Libénter ígitur gloriábor in infirmitátibus meis, ut inhábitet in me virtus Christi.
Graduale: Ps. lxxxii: 19, 14
Sciant gentes, quóniam nomen tibi Deus: tu solus Altíssimus super omnem terram.  v.  Deus meus, pone illos ut rotam: et sicut stípulam ante fáciem venti.
Tractus: Ps. lix:. 4, 6
Commovísti, Dómine, terram, et conturbásti eam.  v.  Sana contritiónes ejus, quia mota est. v.   Ut fúgiant a fácie arcus: ut liberéntur elécti tui.
Luc. viii: 4-15
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Sequéntia sancti Evangélii secúndum Lucam
In illo témpore: Cum turba plúrima convenírent, et de civitátibus properárent ad Jesum, dixit per similitúdinem: «Exiit, qui séminat, semináre semen suum: et dum séminat, áliud cécidit secus viam, et conculcátum est, et vólucres cæli comedérunt illud. Et áliud cécidit supra petram: et natum áruit, quia non habébat humórem. Et áliud cécidit inter spinas, et simul exórtæ spinæ suffocavérunt illud. Et áliud cécidit in terram bonam: et ortum fecit fructum céntuplum.» Hæc dicens clamábat: «Qui habet aures audiéndi, áudiat.» Interrogábant autem eum discípuli ejus; quæ esset hæc parábola. Quibus ipse dixit: «Vobis datum est nosse mystérium regni Dei, céteris autem in parábolis: ut vidéntes non vídeant, et audiéntes non intélligant. Est autem hæc parábola: Semen est verbum Dei. Qui autem secus viam, hi sunt qui áudiunt: deínde venit diábolus, et tollit verbum de corde eórum, ne credéntes salvi fiant. Nam qui supra petram: qui cum audíerint, cum gáudio suscípiunt verbum: et hi radíces non habent: qui ad tempus credunt, et in témpore tentatiónis recédunt. Quod autem in spinas cécidit: hi sunt, qui audiérunt, et a sollicitudínibus, et divítiis, et voluptátibus vitæ eúntes, suffocántur, et non réferunt fructum. Quod autem in bonam terram: hi sunt, qui in corde bono, et óptimo audiéntes verbum rétinent, et fructum áfferunt in patiéntia.»
Credo
Offertorium: Ps. xvi: 5, 6-7
Pérfice gressus meos in sémitis tuis, ut non moveántur vestígia mea: inclína aurem tuam, et exáudi verba mea; mirífica misericórdias tuas, qui salvos facis sperántes in te, Dómine.
Secreta:
Oblátum tibi Dómine sacrifícium, vivíficet nos semper, et múniat. Per Dóminum.

Communio: Ps. xlii: 4
Introíbo ad altáre Dei, ad Deum qui lætíficat juventútem meam.
Postcommunio

Súpplices te rogámus omnípotens Deus: ut quos tuis réficis sacraméntis, tibi étiam plácitis móribus dignánter deservíre concédas. Per Dóminum.