miércoles, 24 de mayo de 2017

La Ascensión del Señor



LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR
I clase, blanco
Gloria, después del Evangelio se apaga el cirio, Credo y prefacio de la Ascensión.


La fiesta de la Ascensión es una de las más hermosas del año litúrgico, de una alegría dulce, suave y reposada, con dejos de santa tristeza que la hacen aún más simpática al corazón cristiano y contemplativo. Es la inauguración oficial del Cielo por Jesucristo. Lo conquistó Él con su muerte y resurrección y nos lo brinda a todos como premio regalado de una vida santa, ajustada a su divina Ley. Ir, pues, al Cielo, debe constituir nuestra ambición y nuestro ideal. Con la esperanza de ir a él y de gozar en él de goces inenarrables y eternos, debemos padecer con paciencia y hasta con amor las miserias de la tierra. ¡Arriba, pues, los corazones! ¡a vivir tan limpiamente, que merezcamos ver y amar a Dios para siempre y gozar con Él de la eterna bienaventuranza!
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El admirable misterio de la Ascensión sus circunstancias, los testigos que la presenciaron, todo cuanto se refiere a la verdad de este artículo de nuestra fe, lo hayamos expresamente consignado en Epístola de la Santa Misa.

El Salvador, a la vista de sus apóstoles y por su propia virtud, subió a los cielos en cuerpo y alma, para tomar posesión de su gloria y ser allí nuestro medianero o intercesor delante de su Padre celestial. El cuerpo terreno de Jesús está sublimado a la más encumbrada gloria de los cielos y su naturaleza humana está envuelta por los resplandores eternos del poder, de la gloria y de la majestad divina. El Evangelio testifica también la verdad de este misterio, enseñándonos, además, la misión que Jesucristo expresamente confió a sus Apóstoles, y como éstos la cumplieron. Terminado el Evangelio, se apaga el cirio Pascual para dar a entender que Jesucristo resucitado no mora ya visiblemente en la tierra. Por medio de las Oraciones pedimos al señor, como fruto práctico de la fiesta, que podamos habitar con el corazón en el cielo, en donde está nuestro verdadero tesoro.
Para celebrar dignamente la fiesta de la Ascensión, hemos de hacer tres cosas: 1º adorar a Jesucristo en el cielo como medianero y abogado nuestro; 2º despegar enteramente nuestro corazón de este mundo como lugar de destierro, y aspirar únicamente al cielo, nuestra verdadera patria; 3º determinarnos a imitar a Jesús en la humildad, en la mortificación y en los padecimientos para tener parte en su gloria.


TEXTOS DE LA MISA
Introito. Act. 1, 11.- Hombres de Galilea, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?  Aleluya, aleluya. Como lo habéis visto marchar al cielo, así vendrá, aleluya, aleluya, aleluya. Salmo. Sal. 46. 2. - Pueblos todos, batid palmas,  aclamad a Dios con gritos de júbilo. V/. Gloria al Padre.
Oración. - Dios todopoderoso, concede a quienes creemos que tu Hijo y Salvador nuestro ha subido hoy a los cielos, vivir en ascensión continúa hasta alcanzar la eterna morada.
Epístola. Hech. 1, 1-11. - En mi primer libro, querido Teófilo, escribí todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el comienzo hasta el día en que, dando instrucciones, por medio del Espíritu Santo, a los Apóstoles que había escogido, ascendió a los cielos. A esos hombres se les presentó vivo después de su Pasión, dándoles numerosas pruebas de ello, apareciéndoseles a lo largo de cuarenta días y hablándoles del Reino de Dios. Mientras estaba comiendo con ellos les recomendó: No os alejéis de Jerusalén. Aguardad la Promesa de mi Padre, de la que me habéis oído hablar. Juan bautizó con agua, vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo, dentro de pocos días. Ellos, rodeándole, le preguntaban: Señor. ¿es ahora cuando vas a restituirle a Israel la soberanía? Él les respondió: A vosotros no os toca conocer los tiempos y las fechas que el Padre ha puesto bajo su propio dominio. Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros: y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda la Judea, en Samaria y hasta los confines de la tierra. Dicho esto, a la vista de ellos, se elevó, y una nube se lo quitó de los ojos. Y miraban fijos al cielo viéndolo irse; y se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron: Hombres de Galilea, ¿qué hacéis ahí plantados, mirando al cielo? Este Jesús, que ha ascendido de aquí al cielo, vendrá, así, como lo habéis visto marcharse al cielo.
Aleluya, aleluya. Sal. 46. 6; Sal. 67,18-19. Dios asciende entre aclamaciones, el Señor  a son de trompeta. Aleluya. Dios marcha del Sinaí al santuario, sube a la cumbre llevando cautivos. Aleluya.
Evangelio. Marc, l6.14-20. - En aquel tiempo se apareció Jesús a los Once, cuando estaban a la mesa, y les echó en cara su incredulidad y dureza de corazón, porque no habían creído a los que lo habían visto resucitado. Y les dijo: Salid al mundo entero, y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice, será salvado: el que se resista a creer, será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: Echarán en mi nombre demonios, hablarán en lenguas extrañas, cogerán serpientes en sus manos, y si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos y quedarán sanos. El Señor Jesús, después de hablarles, ascendió al cielo y se sentó a la derecha de Dios. Ellos salieron y lo proclamaron por todas partes, y el Señor actuaba con ellos y confirmaba la Palabra con los signos que los acompañaban.
Ofertorio. Sal. 46, 6. - Dios asciende entre aclamaciones, el Señor al son de trom­petas, aleluya.
Secreta.- Recibe. Señor, las ofrendas que te presentamos, para celebrar la Ascensión de tu Hijo a la gloria: líbranos de los actuales peligros y concédenos la vida eterna.
Prefacio de la Ascensión.- Realmente es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, siempre y en todo lugar, Señor, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo nuestro Señor: Que después de su resurrección se apareció visiblemente a todos sus discípulos y, ante sus ojos, fue elevado al cielo para hacernos compartir su divinidad. Por eso con los Ángeles y Arcángeles y con todos los coros celestiales, cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
 Comunión. Sal. 67,33-34. - Cantad al Señor, que sube a lo más alto de los cielos. hacia el Oriente, aleluya.
PoscomuniónDios de poder y misericordia, concédenos sentir los frutos invisibles de este sacramento visible que hemos recibido.
PARTITURAS Y GRABACIONES  DE LOS PROPIOS
SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA SERMÓN DE SAN ANTONIO
PARTITURAS DE LAS ORACIONES Y LECTURAS
GRABACIONES DE LAS LECTURAS
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  Epístola
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  Evangelio
I y II Vísperas

TEXTO DE LA MISA EN LATÍN
In Ascensione DóminiI Classis 

Introitus: Act. i: 11
Viri Galilǽi, quid admirámini aspiciéntes in cælum? allelúja: quemádmodum vidístis eum ascendéntem in cælum, ita véniet, allelúja, allelúja allelúja. [Ps. xlvi, 2]. Omnes gentes, pláudite manibus, jubiláte Deo in voce exsultatiónis. Glória Patri. Viri Galilǽi.
Oratio:
Concéde, quǽsumus, omnípotens Deus: ut, qui hodiérna die Unigénitum tuum Redemptórem nostrum as cælos ascendísse crédimus; ipsi quoque mente in cæléstibus habitémus. Per Dóminum.

Act i: 1-11
Léctio Actuum Apostolórum.
Primum quidem sermónem feci de ómnibus, o Theóphile, quæ cœpit Jesus fácere et docére, usque in diem qua præcípiens Apóstolis per Spíritum Sanctum, quos elégit, assumptus est; quibus et prǽbuit seípsum vivum post passiónem suam in multis arguméntis, per dies quadragínta appárens eis, et loquens de regno Dei. Et convéscens, præcépit eis ab Jerosólymis ne discéderent, sed expectárent promissiónem Patris, quam audístis (inquit) per os meum; quia Joánnes quidem baptizávit aqua, vos autem baptizabímini Spíritu Sancto non post multos hos dies. Igitur qui convenérant interrogábant eum dicéntes: «Dómine si in témpore hoc restítues regnum Israël?» Dixit autem eis: «Non est vestrum nosse témpora vel moménta quæ Pater pósuit in sua potestáte: sed accipiétis virtútem superveniéntis Spíritus Sancti in vos, et éritis mihi testes in Jerúsalem et in omni Iudǽa, et Samaría, et usque ad últimum terræ.» Et cum hæc dixísset, vidéntibus illis, elevátus est, et nubes suscépit eum ab óculis eórum. Cumque intueréntur in cælum eúnte illum, ecce duo viri adstitérunt juxta illos in véstibus albis, qui et dixérunt: «Viri Galilǽi, quid statis aspiciéntes in cælum? Hic Jesus, qui assúmptus est a vobis in cælum, sic véniet, quemádmodum vidístis eum eúntem in cælum.»
Allelúja, allelúja. [Ps. xlvi] Ascéndit Deus in jubilatióne, et Dóminus in voce tubæ. Allelúja. [Ps. lxvii] Dóminus in Sina in sancto, ascéndens in altum, captívam duxit captivitátem. Allelúja
Marc. xvi: 14-20
+ Sequéntia sancti Evangélii secúndum Marcum.
In illo témpore: Recumbéntibus illis úndecim appáruit illis Jesus: et exprobrávit incredulitátem eórum et durítiam cordis: quia his qui víderant eum resurrexísse non credidérant. Et dixit eis: «Eúntes in mundum univérsum, prædicáte Evangélium omni creatúræ. Qui credíderit et baptizátus fúerit, salvus erit; qui vero non credíderit condemnábitur. Signa autem eos, qui credíderint, hæc sequéntur: In nómine meo dæmónia ejícient; linguis loquéntur novis; serpéntes tollent; et si mortíferum quid bíberint, non eis nocébit: super ægros manus impónent, et bene habébunt.» Et Dóminus quidem Jesus, postquam locútus est eis, assúmptus est in cælum, et sedit a dextris Dei. Illi autem profécti prædicavérunt ubique, Dómino cooperánte et sermónem confirmánte, sequéntibus signis.
Dicto Evangelio exstinguitur Cereus paschalis, nec ulterius accenditur,
nisi in Sabbato Pentecostes ad benedictionem Fontis.
Credo.
 Offertorium: Ps. xlvi: 6.
Ascéndit Deus in jubilatióne, et Dóminus in voce tubæ, allelúja.
Secreta:
Súscipe, Dómine, múnera, quæ pro Fílii tui gloriósa Ascensióne deférimus: et concéde propítius; ut a præséntibus periculis liberemur, et ad vitam perveniámus ætérnam. Per Dóminum.

Communio: Ps. lx: 33-34
Psálite Dómino, qui ascéndit super cælos cælorum ad Oriéntem, allelúja..
Postcommunio:
Presta, nobis, quǽsumus, omnípotens et miséricors Deus: ut, quæ visibílibus mystériis suménda percépimus, invisíbili consequámur efféctu. Per Dominum.