viernes, 6 de enero de 2017

Epifanía del Señor - 6 de enero


6 de enero
LA EPIFANÍA DEL SEÑOR
I clase, blanco
Gloria, Credo, prefacio y comunicantes propios

Siguiendo el rastro luminoso de la estrella, magos de remotas naciones acuden hacía el Niño-Dios que se muestra al mundo: ríndenle homenaje con el símbolo de sus regalos y entran con ello en la Iglesia, de la que es figura María.
El carácter y objeto de esta hermosísima festividad, se halla indicado en las palabras con las cuales la Santa Iglesia principia su oficio litúrgico: Cristo nos ha aparecido; venid, adorémosle. Por eso desde el Introito es proclamado con júbilo el advenimiento del gran Rey, del Señor dominador que tiene en su mano la potestad y el imperio de todo lo creado. Esta manifestación de Jesucristo a los pueblos de la gentilidad, la adoración que les rindieron los Magos, forma el objeto de cada una de las partes de la Misa. Si bien es verdad que la Iglesia nos recuerda y celebra hoy tres manifestaciones de Jesucristo: a los Magos, en las Bodas de Caná, y en el Jordán: con todo, la primera es a la que se refiere la liturgia de toda la santa Misa. Y así en la colecta rogamos al Señor nos conceda la gracia de contemplar en el cielo al mismo Jesucristo, a quien hemos conocido mediante la luz de la fe, prefigurada por la maravillosa estrella que condujo a los magos a Belén. Esta luz divina; la gloria del señor; el tributo de vasallaje que los pueblos habían de tributarle; todo esto nos predice el profeta Isaías en la Lección de la santa Misa.
El Evangelio, con una sencillez sublime y embelesadora, nos refiere el viaje de los Magos desde Oriente a Jerusalén en busca del Rey de los Judíos; cómo se declararon al mismo Herodes; la astucia de este rey malvado, su llegada a Belén; la adoración y los regalos que ofrecieron a Jesucristo, y, finalmente, el regreso a su patria. Los dones ofrecidos por los Magos se nos recuerdan de nuevo en el Ofertorio. Que estos dones prefiguraban a Jesucristo claramente lo indica la Secreta. Siendo la Epifanía una de las más solemnes festividades, no podía dejar de tener lo que es propio de ellas, es decir, Prefacio y Communicantes. Ambas piezas litúrgicas constituyen la más expresiva profesión de fe acerca del significado y realidad del gran misterio que celebramos. Gratitud por los bienes que conseguimos mediante la Epifanía, y fidelidad a los mismos, son las virtudes que nos predican la Comunión y Poscomunión.
TEXTOS DE LA MISA
Introito.-  Mal. 3.1; 1 Par. 29.12. Ya viene el Señor, el Dominador, y en su mano están el reino, y la potestad, y el imperio.  Salmo.- 71.1. ¡Oh Dios!, da al Rey tu juicio, y al Hijo del Rey tu justicia. Gloria al Padre.
Colecta.-  Oh Dios, que en este día revelaste tu Unigénito a los gentiles por medio de una estrella, concede propicio que los que ya te conocemos por la fe, seamos conducidos hasta contemplar tu hermosura y tu grandeza. Por el mismo Señor nuestro.
Epístola.- Is. 60.1-6. El profeta se dirige a Jerusalén. La imagen está tomada del espectáculo que ofrece todas las mañanas la ciudad santa: iluminada por los resplandores del sol, parece convertida en un horno centelleante de luz. Jerusalén, figura de la Iglesia, será la «luz de las naciones»; de todas partes vendrán a ella los reyes y los pueblos, atraídos por los destellos de su gloria y trayendo las riquezas del mundo. Levántate, Jerusalén, resplandece!, que ya se alza tu luz y se levanta sobre ti la gloria del Señor. Las tinieblas cubren la tierra y los pueblos están en tinieblas, mientras viene a ti el Señor y en ti se manifiesta su gloria. Las naciones caminan hacia tu luz y los reyes hacia la claridad de tu aurora. Levanta los ojos y mira en tomo de ti: todos se reúnen y vienen a ti; de lejos llegan tus hijos y tus hijas son traídas en brazos. A esta vista, resplandecerás, tu corazón palpitará y se dilatará; porque hacia ti afluirán los tesoros del mar y las riquezas de los pueblos llegarán a ti. Una oleada de camellos de dromedarios de Madián y de Efá te inundarán; de Sabá vendrán  todos trayendo oro e incienso y cantando los loores del Señor.
Gradual.-  De Sabá vendrán todos trayendo oro e incienso y cantando los loores del Señor. ¡Levántate, Jerusalén, resplandece!, porque se levanta sobre ti la gloria del Señor.
Aleluya.-  Aleluya, aleluya.  Vimos su estrella en el oriente, y venimos con presentes a adorar al Señor. Aleluya.
Evangelio Mateo 2, 1-12.- «Al que adoran los Magos infante en un pesebre, adorémosle nosotros omnipotente en los cielos; y si los reyes le presentan sus tesoros, saquemos nosotros de nuestros corazones ofrendas dignas de Dios.» (San León, en maitines.) Cuando hubo nacido Jesús en Belén de Judá, en tiempo del rey Herodes, unos magos vinieron de Oriente a Jerusalén, diciendo: ¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido?, porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarle. El rey Herodes, al oír esto, se turbó, y toda Jerusalén con él. Y, convocados todos los príncipes de los sacerdotes y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Y ellos le dijeron: En Belén de Judá, porque así está escrito por el profeta: «Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la más pequeña de las ciudades del reino de Judá; porque de ti ha de salir el Caudillo que rija a mi pueblo Israel.» Entonces Herodes, llamando en secreto a los Magos, se informó de ellos cuidadosamente acerca del tiempo en que les apareció la estrella, y enviándoles a Belén, les dijo: Id, e informaos cuidadosamente del Niño; y cuando le hayáis encontrado, hacédmelo saber, para que yo también vaya a adorarle. Ellos, después de oír al rey, se fueron. Y he ahí que la estrella que habían visto en el Oriente, iba delante de ellos, hasta pararse sobre el lugar donde estaba el Niño. Al verla de nuevo se alegraron sobremanera y, entrando en la casa, hallaron al Niño con María, su madre (arrodillarse), y, postrados, le adoraron; y, abiertos sus tesoros, ofreciéronle dones: oro, incienso y mirra. Mas, divinamente avisados en sueños para que no volviesen a Herodes, regresaron por otro camino a su país.
Ofertorio.Salmo 71. 10-11-  Los reyes de Tarsis y de las islas le pagarán el tributo; los reyes de Arabia y de Sabá le traerán presentes. Le adorarán todos los reyes de tierra, todos los pueblos servirán.
Secreta.- Te rogamos, Señor, mires propicio los dones de tu Iglesia, en los que ya no se ofrece oro, incienso, ni mirra, sino lo que con estos mismos dones se significa, se inmola y se recibe, Jesucristo, tu Hijo y Señor nuestro. El cual vive y reina contigo.
Prefacio de Epifanía.- En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios, pues tu unigénito Hijo, apareciendo en la condición de nuestra mortalidad, nos ha regenerado con la nueva luz de su inmortalidad; y por eso, con los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, cantamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar:
Comunión.- Hemos visto su estrella en el Oriente, y venimos con presentes a adorar al Señor.

Poscomunión.- Haz, te rogamos, ¡oh Dios omnipotente!, que, purificado nuestro espíritu, comprenda el misterio que celebramos con estos solemnes oficios. Por nuestro Señor.


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