martes, 23 de mayo de 2017

Vigilia de la Ascensión del Señor



In Vigília Ascensiónis
II clase, blanco
Gloria, sin credo, prefacio pascual

Con esta vigilia, la Iglesia quiere disponer nuestros corazones para la celebración gozosa de la Ascensión del Señor.
Jesucristo subió a los cielos, y está sentado a la derecha de Dios, Padre todopoderoso. "Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al Cielo y se sentó a la diestra de Dios" (Mc 16, 19). El Cuerpo de Cristo fue glorificado desde el instante de su Resurrección como lo prueban las propiedades nuevas y sobrenaturales, de las que desde entonces su cuerpo disfruta para siempre (cf. Lc 24, 31; Jn 20, 19. 26). Pero durante los cuarenta días en los que él come y bebe familiarmente con sus discípulos (cf. Hch 10, 41) y les instruye sobre el Reino (cf. Hch 1, 3), su gloria aún queda velada bajo los rasgos de una humanidad ordinaria (cf. Mc 16,12; Lc 24, 15; Jn 20, 14-15; 21, 4). La última aparición de Jesús termina con la entrada irreversible de su humanidad en la gloria divina simbolizada por la nube (cf. Hch 1, 9; cf. también Lc 9, 34-35; Ex 13, 22) y por el cielo (cf. Lc 24, 51) donde él se sienta para siempre a la derecha de Dios (cf. Mc 16, 19; Hch 2, 33; 7, 56; cf. también Sal 110, 1). Sólo de manera completamente excepcional y única, se muestra a Pablo "como un abortivo" (1 Co 15, 8) en una última aparición que constituye a éste en apóstol (cf. 1 Co 9, 1; Ga 1, 16).
El carácter velado de la gloria del Resucitado durante este tiempo se transparenta en sus palabras misteriosas a María Magdalena: "Todavía [...] no he subido al Padre. Vete donde los hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios" (Jn 20, 17). Esto indica una diferencia de manifestación entre la gloria de Cristo resucitado y la de Cristo exaltado a la derecha del Padre. El acontecimiento a la vez histórico y transcendente de la Ascensión marca la transición de una a otra.
Esta última etapa permanece estrechamente unida a la primera es decir, a la bajada desde el cielo realizada en la Encarnación. Solo el que "salió del Padre" puede "volver al Padre": Cristo (cf. Jn 16,28). "Nadie ha subido al cielo sino el que bajó del cielo, el Hijo del hombre" (Jn 3, 13; cf, Ef 4, 8-10). Dejada a sus fuerzas naturales, la humanidad no tiene acceso a la "Casa del Padre" (Jn 14, 2), a la vida y a la felicidad de Dios. Sólo Cristo ha podido abrir este acceso al hombre, "ha querido precedernos como cabeza nuestra para que nosotros, miembros de su Cuerpo, vivamos con la ardiente esperanza de seguirlo en su Reino" (Prefacio de la Ascensión del Señor, I: Misa Romano).
"Cuando yo sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí"(Jn 12, 32). La elevación en la Cruz significa y anuncia la elevación en la Ascensión al cielo. Es su comienzo. Jesucristo, el único Sacerdote de la Alianza nueva y eterna, "no [...] penetró en un Santuario hecho por mano de hombre [...], sino en el mismo cielo, para presentarse ahora ante el acatamiento de Dios en favor nuestro" (Hb 9, 24). En el cielo, Cristo ejerce permanentemente su sacerdocio. "De ahí que pueda salvar perfectamente a los que por él se llegan a Dios, ya que está siempre vivo para interceder en su favor"(Hb 7, 25). Como "Sumo Sacerdote de los bienes futuros"(Hb 9, 11), es el centro y el oficiante principal de la liturgia que honra al Padre en los cielos (cf. Ap 4, 6-11).
Cristo, desde entonces, está sentado a la derecha del Padre: "Por derecha del Padre entendemos la gloria y el honor de la divinidad, donde el que existía como Hijo de Dios antes de todos los siglos como Dios y consubstancial al Padre, está sentado corporalmente después de que se encarnó y de que su carne fue glorificada" (San Juan Damasceno, Expositio fidei, 75 [De fide orthodoxa, 4, 2]: PG 94, 1104).
Sentarse a la derecha del Padre significa la inauguración del reino del Mesías, cumpliéndose la visión del profeta Daniel respecto del Hijo del hombre: "A él se le dio imperio, honor y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron. Su imperio es un imperio eterno, que nunca pasará, y su reino no será destruido jamás" (Dn 7, 14). A partir de este momento, los Apóstoles se convirtieron en los testigos del "Reino que no tendrá fin" (Símbolo de Niceno-Constantinopolitano: DS 150).   

TEXTOS DE LA SANTA MISA

INTROITO  Is 48, 20. Sal 65, 1-2.
Vocem jucunditátis annuntiáte, et audiátur, allelúja: annuntiáte usque ad extrémum terræ: liberávit Dóminus pópulum suum, allelúja, allelúja. V/.- Jubiláte Deo, omnis terra, psalmum dicite nómini ejus: date glóriam laudi ejus. V/.- Glória Patri.
Con voz de júbilo anunciadlo, y que se oiga, aleluya, que lle­gue hasta el fin de la tierra: el Señor ha redimido a su pueblo, aleluya, aleluya.. V/. Aclama al Señor, tierra entera, tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria. V/.Gloria al Padre.

COLECTA
Deus, a quo bona cuncta procédunt, largíre supplícibus tuis: ut cogitémus, te inspiránte, quæ recta sunt; et, te gubernánte, éadem faciámus. Per Dóminum nostrum Iesum Christum Fílium tuum, qui tecum vívit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sæcula sæculórum. Amen.
Oh Dios, fuente de todo bien, escucha sin cesar nuestras súplicas: concédenos, inspirados por Ti, pensar lo que es recto y cumplirlo con tu ayuda. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

EPISTOLA  Ef 4, 7-13
Léctio Epístolæ beáti Pauli Apóstoli ad Ephésios.
Fratres: Unicuíque nostrum data est grátia secúndum mensúram donatiónis Christi. Propter quod dicit: «Ascéndens in altum, captívam duxit captivitátem: dedit dona homínibus.» Quod autem ascéndit, quid est, nisi quia et descéndit primum in inferióres partes terræ? Qui descéndit, ipse est qui et ascéndit super omnes cælos, ut impléret ómnia. Et ipse dedit quosdam quidem apóstolos, quosdam autem prophétas, alios vero evangelístas, alios autem pastóres et doctóres, ad consummatiónem sanctórum in opus ministérii, in ædificatiónem córporis Christi: donec occurrámus omnes in unitátem fidei, et agnitiónis Fílii Dei, in virum perféctum, in mensúram ætátis plenitúdinis Christi.
Lectura de la carta del Apóstol San Pablo a los Efesios.
Hermanos: A cada uno de nosotros le ha sido concedida la gracia a la medida de los dones de Cristo. Por eso dice: Subiendo a la altura, llevó cautivos y repartió dones a los hombres. ¿Qué quiere decir «subió» sino que también bajó a las regiones inferiores de la tierra? Éste que bajó es el mismo que subió por encima de todos los cielos, para llenar el universo. Él mismo dispuso que unos fueran apóstoles; otros, profetas; otros, evangelizadores; otros, pastores y maestros, para la adecuada organización de los santos en las funciones del ministerio, para edificación del cuerpo de Cristo, hasta que lleguemos todos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al estado de hombre perfecto, a la plena madurez de Cristo.

ALELUYA PASCUAL  Jn 16, 28.
Allelúja, allelúja. V/. Surréxit Christus; et illíxit nobis, quos redémit sánguine suo. Allelúja. V/. Exívi a Patre, et veni in mundum: íterum relínquo mundum, et vado ad Patrem. Allelúja.
Aleluya, aleluya.- V/. Cristo ha resucitado, Él nos ilumina, a nosotros, los redimidos con su sangre. Aleluya. V/. Salí del Padre y he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre. Aleluya.

EVANGELIO  Jn 17,1-11
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Joánnem.
In illo témpore: Sublevátis Jesus óculis in cælum, dixit: «Pater, venit hora, clarífica Fílium tuum, ut Fílius tuus claríficet te: sicut dedísti ei potestátem omnis carnis, ut omne, quod dedísti ei, det eis vitam ætérnam. Hæc est autem vita ætérna: Ut cognóscant te, solum Deum verum, et quem misísti Jesum Christum. Ego te clarificávi super terram: opus consummávi, quod dedísti mihi ut fáciam: et nunc clarífica me tu, Pater, apud temetípsum, claritáte, quam hábui priúsquam mundus esset, apud te. Manifestávi nomen tuum homínibus, quos dedísti mihi de mundo. Tui erant, et mihi eos dedísti: et sermónem tuum servavérunt. Nunc cognovérunt quia ómnia, quæ dedísti mihi, abs te sunt: quia verba, quæ dedísti mihi, dedi eis: et ipsi accepérunt, et cognovérunt vere quia a te exívi, et credidérunt quia tu me misísti. Ego pro eis rogo: non pro mundo rogo, sed pro his, quos dedísti mihi: quia tui sunt: et mea ómnia tua sunt, et tua mea sunt: et clarificátus sum in eis. Et jam non sum in mundo, et hi in mundo sunt, et ego ad te vénio.»
Lectura del Santo Evangelio según san Juan.
En aquel tiempo, Jesús alzando los ojos al cielo, dijo: «Padre, ha llegado la hora; glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique a ti. Y que según el poder que le has dado sobre toda carne, dé también vida eterna a todos los que tú le has dado. Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti el único Dios verdadero, y al que tú has enviado, Jesucristo. Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste realizar. Ahora, Padre, glorifícame tú, junto a ti, con la gloria que tenía a tu lado antes que el mundo fuese. He manifestado tu Nombre a los hombres que tú me has dado tomándolos del mundo. Tuyos eran y tú me los has dado; y han guardado tu palabra. Ahora ya saben que todo lo que me has dado viene de ti; porque las palabras que tú me diste se las he dado a ellos, y ellos las han aceptado y han reconocido verdaderamente que vengo de ti, y han creído que tú me has enviado. Por ellos ruego; no ruego por el mundo, sino por los que tú me has dado, porque son tuyos; y todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío; y yo he sido glorificado en ellos. Yo ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros.

OFERTORIO  Sal 65, 8-9. 20
Benedícite, gentes, Dóminum Deum nostrum, et obaudíte vocem laudis ejus: qui pósuit ánimam meam ad vitam, et non dedit commovéri pedes meos: benedíctus Dóminus, qui non amóvit deprecatiónem meam, et misericórdiam suam a me, allelúja..
Bendecid, pueblos, a nuestro Dios, haced resonar sus alabanzas: porque Él nos ha devuelto la vida, y no dejó que tropezaran nuestros pies. Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica, ni me retiró su favor, aleluya.

SECRETA
Suscipe, Dómine, fidélium preces cum oblatiónibus hostiárum: ut per hæc piæ devotiónis offícia, ad cæléstem glóriam transeámus. Per Dóminum nostrum Iesum Christum, Fílium tuum, qui tecum vívit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sæcula sæculórum.  Amen.
Con estas ofrendas, Señor, re­cibe las súplicas de tus hijos: para que esta liturgia, celebrada con amor, nos lleve a la gloria del cielo. Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

PREFACIO
Vere dignum et iustum est, æquum et salutáre: Te quidem, Dómine, omni tempore, sed in hac potíssimum gloriósius prædicáre, cum Pascha nostrum immolátus est Christus. Ipse enim verus est Agnus, qui ábstulit peccáta mundi. Qui mortem nostram moriéndo destrúxit, et vitam resurgéndo reparávit. Et ídeo cum Angelis et Archángelis, cum Thronis et Dominatiónibus, cumque omni milítia cæléstis exércitus, hymnum glóriæ tuæ cánimus, sine fine dicéntes
En verdad es digno y justo, equitativo y saludable, que en todo tiempo, Señor, te alabemos; pero con más gloria que nunca en este tiempo, en que se ha inmolado Cristo, nuestra Pascual. El cual es el verdadero Cordero que quitó los pecados del mundo y que, muriendo, destruyó nuestra muerte, y, resucitando, reparó nuestra vida. Por eso, con los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, cantamos un himno a tu gloria, diciendo sin cesar:













ANTÍFONA DE COMUNIÓN    Sal. 95, 2.-
Cantáte Dómino, allelúja: cantáte Dómino, et benedícite nomen ejus: bene nuntiáte de die in diem salutáre ejus, allelúja, allelúja.
Cantad al Señor, ­aleluya; cantadle, bendecid su nombre; proclamad día tras día su victoria,  aleluya, aleluya.


  

ORACIÓN POSTCOMUNIÓN
Tríbue nobis, Dómine, cæléstis mensæ virtúte satiátis: et desideráre quæ recta sunt, et desideráta percípere.Per Dóminum nostrum Iesum Christum, Fílium tuum, qui tecum vívit et regnat in unitáte Spíritus Sancti, Deus, per ómnia sæcula sæculórum. Amen.
A quienes has saciado en tu mesa santa, concédenos, Señor, desear lo que es recto y conseguir lo que así hemos deseado.  Por Nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que contigo vive y reina en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.