martes, 29 de agosto de 2017

XI domingo después de Pentecostés



XI DOMINGO DESPUES DE PENTECOSTÉS
II clase, verde
Gloria, Credo y prefacio de la Santísima Trinidad

Con la oposición entre el árbol bueno y el árbol malo, entre los hijos del mundo y los hijos de la luz, entre el hombre carnal y el hombre espiritual, entre el fariseo y el publicano, la Iglesia ha querido inculcarnos el verdadero sentido de la vida cristiana. Hoy quiere que nos detengamos a considerar en sí misma esa vida que recibimos en el Bautismo. Quiere invitarnos a renovar nuestras promesas bautismales. El Evangelio nos coloca en los últimos tiempos de la predicación de Jesús en Galilea. En él se nos cuenta el milagro del sordomudo. Debemos al suave y prodigioso contacto de las manos del Salvador el haber sido curados. Así lo experimentamos el día de nuestro Bautismo, cuando "nos condujo a habitar en una misma casa" (Introito). Por eso cantamos, rebosantes de gratitud: "Alabad a Dios, que es nuestro ayudador; celebrad al Dios de Jacob" (Aleluya). Si desde el día en que Cristo nos dijo también a nosotros: "Effeta", se ha enfriado nuestra fe, volvamos a vivirla con el recuerdo de las apariciones del Resucitado (Epístola); y si nos atemoriza el recuerdo de nuestras flaquezas, pensemos que la abundancia de la piedad divina excede nuestros méritos y nuestras súplicas, y multiplicará la misericordia para perdonar lo que teme la conciencia y para añadir lo que la oración no se atreve a pedir.
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El milagro obrado por Jesús en favor del sordomudo que hace mención el Evangelio, expresa admirablemente el estado en que se hallaban los hombres antes de la predicación evangélica.  Las criaturas daban voces para proclamar la existencia de Dios, y el hombre, sordo a tales insinuaciones, no sabía levantar su mente para reconocerle y confesarle. Fue necesario que Jesucristo, con sus milagros y con su doctrina, iluminase las inteligencias humanas. Aquel memorable Ehpheta, “Abrete”, que pronunció Jesús, era en la Iglesia primitiva, y sigue siendo ahora, la vieja imagen que las gracias, así de la primera como de las demás que abren nuestro entendimiento, voluntad y sentidos para lo sobrenatural.

El resumen que nos presenta el Epístola de los principales misterios de nuestra religión, nos da una idea exacta de las excelencias que el Redentor, de su divinidad y de la bondad infinita que ha tenido para con los hombres. El Introito de la Misa expresa perfectamente los sentimientos de un corazón animado de una fe viva en este divino Salvador y lleno de una santa confianza en su voluntad y omnipotencia.

TEXTOS DE LA SANTA MISA
Introito. Salm. 67.6-7,36,2.- Dios mora en su santa casa; a los desvalidos da un hogar y a su pueblo, fuerza y poder.  Salmo.- Levántese Dios y desaparezcan sus enemigos; y huyan de su presencia los que le odian. V/. Gloria a Padre, y al Hijo.
Colecta.-  No habrá quizá oración tan hermosa como ésta ante el abismo insondable de la bondad divina, a la que implora y a la que nos hace contemplar al mismo tiempo.
Omnipotente y eterno Dios, cuya infinita bondad rebasa los méritos y aun los deseos de los suplicantes; derrama sobre nosotros tu mi­sericordia, y perdona lo que nuestra conciencia teme, dándonos aun lo que no osamos pedirte. Por nuestro Señor Jesucristo.
Epístola. 1 Cor. 15.1-10.-  En el pensamiento de san Pablo todo se apoya en la resurrección de Cristo. Si no ha resucitado, su obra cae por tierra: si ha resucitado, con él resucitaremos todos nosotros.
Hermanos: Os recuerdo el Evangelio que os he predicado, que vosotros habéis recibido, en el cual estáis firmes, y por el que os salváis, si lo conserváis cual os lo he anunciado, porque, de otra suerte, en vano habríais creído. En primer lugar, os he enseñado lo mismo que yo aprendí, a saber, que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las Escrituras, y que fue sepultado y resucitó al tercer día según las Escrituras; y que se apareció a Cefas, y después a los once. Luego se dejó ver de más de quinientos hermanos a la vez; muchos de los cuales viven aún, aunque otros ya murieron. Después se dejó ver de Santiago, luego de los apóstoles todos; finalmente, se me apareció también a mí, que soy como un abortivo. Pues yo soy el menor de los apóstoles, que ni merezco ser llamado apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Mas por la gracia de Dios soy lo que soy; y su gracia no ha sido estéril en mi.
Gradual. Salm. 27.7.1-  En Dios esperó mi corazón, y fui socorrido, y refloreció mi carne, y con todo mi corazón le alabaré. V/ .A ti, Señor, clamo; Dios mío, no te hagas sordo a mis ruegos ni te alejes de mi.
Aleluya. Salm.80.2-3.- Aleluya, aleluya. V/ Alabad a Dios, que es nuestra ayuda, celebrad al Dios de Jacob; cantad con el arpa y la citara. Aleluya.
Evangelio. Marc. 7.31-37.- La curación del sordomudo es la historia de las misericordias divinas para con cada uno de nosotros. Todas se resumen en el  bautismo que ha abierto nuestros espíritus y nuestros corazones a las cosas de Dios.
En aquel tiempo: Saliendo Jesús de tierras de Tiro, se fue por Sidón hacia el mar de Galilea, atravesando por mitad de la Decápolis. Y le trajeron un sordomudo, suplicándole pusiese la mano sobre él para curarle. Y apartándole del tropel de la gente, metió los dedos en sus oídos y con la saliva le tocó la lengua; y alzando los ojos al cielo, suspiró y díjole: ¡Éfeta!, que quiere decir abríos. Y al punto se le abrieron los oídos y se le soltó el impedimento de su lengua, y hablaba correctamente. Y les mandó que a nadie lo dijesen. Pero cuanto más se lo mandaba, tanto más lo divulgaban, y más crecía su pasmo; y decían: Todo lo ha hecho bien: ha hecho oír a los sordos, y hablar a los mudos.
Ofertorio. Salm.29.2-3.-  Te ensalzaré, Señor, porque me has librado, y no has dejado se rían de mí mis enemigos; Señor, he clamado a ti y me has sanado.
Secreta.-  Te suplicamos, Señor, mires propicio el sacrificio que nosotros, tus siervos, te ofrecemos, para que te sea grato y sostenga nuestra fragilidad. Por nuestro Señor Jesucristo.
Prefacio de la Santísima Trinidad.- En verdad es digno y  justo, equitativo y saludable, darte gracias en todo tiempo y lugar, Señor, santo Padre, omnipotente  y eterno Dios, que con tu  unigénito Hijo y con el Espíritu Santo eres un sólo Dios, un solo Señor, no en la individualidad de una sola persona, sino .en la trinidad de una sola sustancia. Por lo cual, cuanto nos has revelado de tu gloria, lo creemos también de tu Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia ni distinción. De suerte, que confe­sando una verdadera y eterna Divinidad, adoramos la propiedad en las personas, la unidad en la esencia, y la igualdad en la majestad, la cual alaban los Ángeles y los Arcángeles, los Querubines y los Serafines, que no cesan de cantar a diario, diciendo a una voz.
Comunión. Prov. 3.9-10.- Honra al Señor con todo tu haber y con las primicias de tus frutos; y se llenarán tus trojes de grano y tus lagares rebosarán de vino.
Poscomunión.- Te rogamos, Señor, que experimentemos en el alma y en el cuerpo el refuerzo de tu sacramento, para que, salvados ambos, nos gloriemos con la plenitud del remedio celestial. Por nuestro Señor Jesucristo.

PARTITURAS Y PROPIOS EN MP3
COMENTARIO CARD. SHCUSTER

Sermon de san Antonio de Padua

sugerencias para la homilía


TEXTOS EN LATÍN
Dominica Undecima Post PentecostenII Classis

Introitus: Ps. lxvii: 6,7, et 36
Deus in loco sancto suo: Deus qui inhabitáre facit unánimes in domo: ipse dabit virtútem, et fortitúdinem plebi suæ. [Ps. ibid.] Exsúrgat Deus et dissipéntur inimíci ejus: et fúgiant, qui odérunt eum, a fácie ejus. v. Glória Patri. Deus in loco.
Collect:
Omnípotens, sempitérnæ Deus, qui abundántia pietátis tuæ, et merita súpplicum excédis et vota: effúnde super nos misericórdiam tuam: et dimíttas quæ consciéntia métuit, ut adjícias quod orátio non præsúmit. Per Dóminum.

Lectio Epistolæ beati Pauli Apostoli ad Corinthios.
Fratres: Notum vobis fácio Evangélium quod prædicávi vobis, quod et accepístis, in quo et statis, per quod et salvámini: qua ratióne prædicáverim vobis, si tenétis, nisi si frustra credidístis. Trádidi enim vobis in primis, quod et accépi: quóniam Christus mórtuus est pro peccátis nostris secúndum Scriptúras: et quia sepúltus est, et quia resurréxit tértia die secúndum Scriptúras: et quia visus est Cephæ, et post hoc úndecim. Deínde visus est plus quam quingéntis frátribus simul, ex quibus multi manent usque adhuc, quidam autem dormiérunt. Deínde visus est Jacóbo, deínde apóstolis ómnibus: novíssime autem ómnium tamquam abortívo, visus est et mihi. Ego enim sum mínimus Apostolórum, qui non sum dignus vocári Apóstolus, quóniam persecútus sum Ecclésiam Dei. Grátia autem Dei sum id quod sum, et grátia ejus in me vácua non fuit.
Graduale Ps. xxvii: 7 et 1
In Deo sperávit cor meum, et adjútus sum: et reflóruit caro mea, et ex voluntáte mea confitébor illi. v. Ad te, Dómine, clamávi, Deus meus, ne síleas, ne discédas a me.
Allelúja, allelúja. [Ps. lxxx: 2 et 3] Exultáte Deo adjutóri nostro, jubiláte Deo Jacob: súmite psalmum jucúndum cum cíthara. Allelúja.
Marc. vi: 31-37
Sequéntia sancti Evangélii secúndum Marcum. 
In illo témpore: Exiens Jesus de fínibus Tyri, venit per Sidónem ad mare Galilǽæ, inter medios fines Decapóleos. Et addúcunt ei surdum et mutum, et deprecabántur eum, ut inpónat illi manum. Et apprehéndens eum de turba seórsum, misit dígitos suos in aurículas ejus: et éxpuens, tetígit linguam ejus: et suspíciens in cælum, ingémuit, et ait illi: «Ephphetha,» quod est, «adaperíre.» Et statim apértæ sunt aures ejus, et solútum est vínculum linguæ ejus, et loquebátur recte. Et præcépit illis, ne cui dícerent. Quanto autem eis præcipiébat, tanto magis plus prædicábant: et eo ámplius admirabántur, dicéntes: «Bene ómnia fecit, et surdos facit audíre, et mutos loqui.»
Credo.
Offertorium: Ps. xxix: 2 et 3
Exaltábo te, Dómine, quóniam suscepísti me, nec delectásti inimícos meos super me: Dómine, clamávi ad te, et sanásti me.
Secreta:
Réspice, Dómine, quǽsumus, nostram propítius servitútem: ut, quod offérimus, sit tibi munus accéptum, et sit nostræ fragilitátis subsídium. Per Dóminum.

Communio: Prov. iii: 9-10
Honóra Dóminum de tua substántia, et de primítiis frugum tuárum: et implebúntur hórrea tua saturitáte, et vino torculária redundábunt.
Postcommunio:

Sentiámus, quǽsumus, Dómine, tui perceptióne sacraménti, subsídium mentis et córporis: ut in utróque salváti, cæléstis remédii plenitúdine gloriémur. Per Dóminum.